TOMA HOY UNA RESOLUCIÓN 

Hace algunos años, en una escuela pública del estado de Arizona, cierta maestra estaba recorriendo los pasillos del aula mientras los niños preparaban un trabajo escolar. Al hacerlo, notó que un chico muy vivo y ambicioso, llamado Enrique, estaba escribiendo algo en la hoja en blanco de su libro de historia.

Con curiosidad, pasó lentamente a su lado, y echó una mirada sobre el hombro del niño. ¿La engañarían sus ojos? ¿Podía pensar en eso un niño de diez años?

Pasó otra vez, para mirar de nuevo. El libro estaba abierto y esto fue lo que leyó: "Enrique F. Ashurst, Senador del estado de Arizona".

Nunca se le había ocurrido que eso podría pensar Enrique. ¿Podía un alumno planear que algún día llegaría a ser Senador de su estado?

Era sólo una resolución pueril, una meta que se proponía un niño de diez años. Tuvo que recorrer un camino difícil y largo. Trabajó como leñador, vaquero, peón de albañil, dependiente, cajero y abogado, pero sin jamás olvidar ese sueño, esa resolución que hizo cuando era solamente un niño.

Aquella determinación hecha cuando tenía solamente diez años, le ayudó a pasar por muchos lugares escabrosos en el largo camino de cuesta arriba, y finalmente lo ubicó en el Senado del estado de Arizona. ¿Qué hubiera sucedido si no hubiese soñado, si no hubiera acariciado ninguna ambición?

¿Qué habría sido de él si no hubiera hecho ninguna resolución?

¡Qué historia diferente leeríamos hoy, si Cristóbal Colón no hubiera resuelto encontrar un camino más corto para ir al este, navegando por el oeste!

Los hermanos Wright resolvieron que harían una máquina que levantaría al hombre de la tierra, y así lo hicieron.

Fulton resolvió que le daría impulso a un barco por medio del vapor, y tuvo éxito. Fanny Crosby, quedó ciega cuando era tan sólo una niñita, y resolvió que se resignaría, y que se sentiría útil y feliz. Cuando murió, dejó miles de himnos inspiradores y elevadores que han sido una bendición para la humanidad.

La mayor parte de las cosas buenas que se han hecho ha sido el resultado de resoluciones. Si hacemos progresos, es porque nos hemos propuesto metas.

Hoy sería bueno que hiciéramos algunas resoluciones privadas entre Dios y nosotros. Quizá podría ser: estudiar cada día la lección de la escuela sabática, orar reflexionando, dar a otros el primer lugar. Si esperamos progresar, debemos hacer algunas resoluciones. Toma, sobre todo, la resolución de caminar con Dios cada día.