
Una vez un jardinero plantó cinco semillas negras en la tierra de su hermoso jardín.
Su hijito lo observaba sentado en la hierba y se preguntaba qué ocurriría con las semillas que su padre estaba
cubriendo con tierra tan cuidadosamente.
Tendría que esperar unos días antes de saberlo. Pasó el tiempo y la lluvia fresca cayó sobre la tierra y humedeció las semillas y el ardiente sol les dio calor hasta que un alegre día se abrieron y de ellas salieron cinco brotes que pronto emergieron de la tierra.
Fueron creciendo y creciendo hasta que aparecieron las hojitas y luego un pimpollo en cada una de las cinco plantitas.
El niño casi no podía esperar que se abrieran para ver qué clase de flores eran. Cuando por fin se abrieron, vio que eran cinco hermosos pensamientos.
Sí, aunque las semillas parecían todas iguales y, las plantas y los pimpollos también lo eran, cada una de las flores era de diferente color. Una tenía pétalos rojizos, otra amarilla, otra blanca, otra de un castaño vivo, y la última era un hermoso pensamiento de color violeta casi negro.
Cuando el jardinero se acercó a mirarlos, le dijo a su excitado hijito: "Mira, cada una de mis plantitas ha dado una flor de distinto color. Todas son tan bonitas que no podría decir cuál lo es más".
El niño las contempló y después dijo: "Son tan bonitas que me gustan todas", Y los pensamientos de cinco colores siguieron creciendo juntos.
Los niños del mundo son las flores del jardín de Dios. ¿Lo sabías? Y él se agradó en hacer que sus caritas tuvieran también diferentes colores.
Hay niñitos africanos, como los hermosos pensamientos negros. Los chinitos se parecen a los pensamientos amarillos. Los de la India son como pensamientos de color castaño vivo. Los indiecitos americanos son como los de color rojizo. Los de raza blanca se parecen a los pensamientos blancos.
Pero, aunque sus rostros son de color diferente, todos son “flores” del hermoso jardín de Dios y en su interior se parecen mucho.
Realmente te sorprenderías si pudieras conocer a todos los niños del mundo, y vieras cuánto se parecen a ti.
A todos les gusta jugar y escuchar historias. Todos pertenecen a la misma familia: la familia de Dios.
El mismo sol brilla sobre cada uno. El mismo cielo tiende su hermoso techo azul sobre sus cabezas.
El mismo amante Padre celestial cuida de ellos, porque todos son sus hijos.
Y cuando el Padre celestial contempla su jardín, que es el mundo, y ve las muchas diferentes caritas que como pétalos de flores se elevan en oración, él sabe que todos esos diferentes colores contribuyen a la variedad y a la belleza de su jardín.
Como el niñito de nuestra historia, Él los ama a todos, porque son preciosos y hermosos a su vista.
El auxiliar de la escuela sabática 1968