
Muchas de las personas que vinieron hoy a la iglesia posiblemente lo hicieron en un vehículo, tal como un autobús, furgoneta, coche, etc., que usa combustible. Ese vehículo debe tener gasolina en el tanque. Pero, suponte que cuando fueron a comprar el combustible les pareció demasiado caro y en vez de ponerle gasolina o Diesel, le pusieron agua. ¿Se movería el automóvil? ¡De ninguna manera! Ya ven que las leyes que hay que cumplir para la locomoción actual, deben ser estrictamente obedecidas para que los motores puedan funcionar.
Para saber qué clase de gasolina conviene ponerle a nuestro automóvil, conviene leer el manual del fabricante. Él sabe muy bien cómo debe cuidarse el vehículo, porque lo hizo.
Una vez que el vehículo esté en el camino, no tenemos que afligirnos más por cumplir leyes, ¿es así?
¡No! El conductor debe obedecer estrictamente todas las leyes de seguridad y toda la reglamentación para evitar accidentes. Estas leyes se han dictado para protegernos a todos. Si las desobedecemos nos exponemos nosotros y también a otros al peligro de ser atropellados o de morir. Supónganse que el conductor no hace caso a la luz roja y sigue a gran velocidad al pasar por una intersección. ¿Qué podría suceder? Si queremos evitar un accidente, debemos obedecer las señales de tráfico.
Al viajar tenemos que elegir los caminos por dónde queremos ir. ¿Doblaremos a la izquierda en aquel semáforo, o seguiremos derecho? ¿Doblaremos a la derecha en la siguiente esquina? Por eso tenemos un GPS con nosotros. Quizá habrás visto un letrero de bifurcación de caminos. Al llegar a este lugar, deberás decidir por cual camino irás, antes de seguir avanzando. Y para saberlo, tendrán que consultar con el GPS.
El cuidado y la conducción de un automóvil puede compararse con la vida cristiana. Cada día debemos decidir. Así como los adultos deben decidir qué clase de combustible pondrán en el vehículo que tienen, los niños deben hacer decisiones diarias. Deben elegir si permitirán que el GPS de Dios, la Biblia, los guíe e instruya en el camino hacia el cielo. La Biblia es el libro Guía de Dios, que tenemos nosotros. En él podemos descubrir qué es lo mejor para nosotros; si lo leemos y estudiamos.
Lo que Dios nos dice que hagamos, siempre es para nuestro propio bien. A veces no podemos comprender por qué, pero al obedecerle, mostramos que confiamos en él. Jesús siempre sabe qué es lo mejor para nosotros.