
Yo amó mucho a Jesús y quiero darle un regalo… ¿Qué podría darle? El sábado eché unas monedas en la ofrenda; pero deseo darle algo más precioso.
Podría ofrecerle a Jesús mis manos. Podría presentarle también mis pies, mi boca, mis ojos, mis oídos…
Sí, deseo entregar todo mi cuerpo y mi ser a Jesús.
¿Y tú? ¿quieres entregarte también a Jesús?
¿Tu, que has decido entregarte a Jesús, a quién pertenecen ahora tus manos? Efectivamente, a Jesús.
¿Qué deben hacer las manos que pertenecen a Jesús? ¡Oh, seguramente sólo cosas buenas! Las manos consagradas a Jesús ¿pegarán o lastimarán a otros? ¡Nunca! Solo se usarán para ayudar, para construir cosas útiles, para dar caricias…
¿A quién pertenecen ahora tus pies? A Jesús. Los pies que pertenecen a Jesús ¿huyen cuando el
papá o la mamá los llama? ¡Oh no!
¿Qué pueden hacer los pies? ir a la iglesia, andar con reverencia en la casa de Dios, llevar mensajes. ¿A dónde crees que no deberían ir?
Y la boca, ¿cómo puede servir a Jesús?: Sonriendo, hablando la verdad, orando, dando ánimo, etc.
¿Y qué crees que le gustaría a Jesús que escuchases? Pues yo creo que le gustaría que escuchases solo lo bueno. Por ejemplo, que escuches cuando hablan de Jesús, o que oigas música cristiana. Nunca escucharás las críticas o malas palabras.
Y ahora que los ojos pertenecen a Jesús, ¿qué le gustaría a él que mirases?
Pídele a Jesús que Él te controle, pues tu eres todo suyo.
El auxiliar de la escuela sabática 1968