
Una señora le mostró una caja de alfileres a una visita y le preguntó si encontraba alguna diferencia en ellos. La visita tomo la cajita y revolvió los alfileres con los dedos, y contestó:
- No, señora. Me parece que son todos iguales.
Sonriendo la señora tomó un pequeño imán y lo pasó por encima de la caja. Inmediatamente muchos de los alfileres saltaron y se pegaron al imán, pero otros quedaron en la caja.
- Ah -dijo la visita-, ahora veo la diferencia; algunos de los alfileres son de acero, mientras que otros son de un material más ordinario.
Hay dos clases de personas: las que pertenecen a Cristo y las que no le pertenecen; los que son lavados por su preciosa sangre y los que todavía están en el pecado. No siempre es fácil saber a cuál de estas dos clases pertenece una persona. Pero cuando venga Cristo, eso se verá inmediatamente.
Como los alfileres de acero que fueron levantados por el imán, los que pertenecen a Cristo serán arrebatados para encontrarlo en el aire cuando él venga en las nubes con aclamación y voz de arcángel. Los que no habrán confiado en él, quedarán muertos en la tierra, aguardando el juicio y la destrucción final.
Extraído de: “El auxiliar de la escuela sabática” Abril de 1968