
La oración es el eslabón que nos une al cielo. Dios ya sabe lo que necesitamos, pero la oración nos eleva y acerca a Él.
La oración debe proceder del corazón. Las formas vacías no valen de nada. No debemos repetir la misma frase siempre y debemos evitar frases vacías al dirigirnos a Dios. La sinceridad, el fervor y la perseverancia son tres rasgos esenciales y muy importantes de la verdadera oración. Además, es esencial que en todas nuestras súplicas nos resignemos siempre a la voluntad de Dios.
Por lo general debiéramos escuchar y orar silenciosamente con los ojos cerrados, la cabeza reverentemente inclinada y nuestros pensamientos puestos en Aquel a quien estamos orando.
“Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo… La oración no baja a Dios hacia nosotros, antes bien nos eleva a Él. {CC pág.93}
Cuando oramos estamos hablando con Jesús. Le gusta que conversemos con él cada día. Cuando llega la noche, y nos vamos a acostar, le gusta que nos arrodillemos al lado de nuestra mamá o junto a la cama, y le pidamos que nos cuide mientras dormimos. Los niños no deben tener miedo en la oscuridad, porque Jesús cuida de ellos. Nunca se olvida de sus niños.
Cuando te despiertas por la mañana, Jesús quiere que vayas a hablar con él otra vez. Entonces puedes agradecerle por la noche de descanso y pedirle que los ángeles vayan contigo guardándote de todo mal durante el día, y que te ayude a brillar por Él, a obedecer y a hacer lo que a Él le agrada.
Jesús nos ha enseñado cómo orar. La oración que él enseñó está en la Biblia, en Mateo 6:9-13. Seguro que te la sabes de memoria.
Pero ¿qué significa?
La primera parte de la oración habla de nuestro Padre que está en el cielo. Nos es muy fácil hablar a las personas a quienes amamos. Cuando no las podemos ver, nos gusta hablar con ellas por móvil. Jesús nos enseña a llamar: "Padre nuestro", a su Padre. Él quiere que pertenezcamos a su familia celestial. Podemos hablar a Dios con la misma libertad con la que lo hacía Jesús. Él nos ama, y por eso sabemos que nos escucha cuando le hablamos.
Cuando decimos “Santificado sea tu Nombre” decimos que Dios es santo. Que su Nombre tiene que ser respetado y no burlarse de Él.
Nos enseñó a orar: "Venga tu reino". Cuando Jesús venga, con todos sus santos ángeles, iremos con Él para formar parte de su reino: Al decir: "Venga tu reino", le pedimos que venga pronto. Quiere que recordemos que nos estamos
preparando para vivir con él y con el Padre. Estarán en ese reino únicamente los que han creído en Jesús.
Debemos orar también: "Sea hecha tu voluntad". Tenemos que buscar en todo momento hacer lo que Dios quiere. Hago la voluntad de Dios cuando lo sigo.
"Danos hoy nuestro pan cotidiano". Jesús quiere que le pidamos todas las cosas que necesitamos. Todo lo que tenemos viene de él. Y además de pedirle lo que necesitamos, tenemos que agradecerle por todo lo que nos da.
y debemos pedir también: "Perdónanos nuestras deudas". Cada vez que oramos a Jesús, debemos pedirle que perdone nuestros pecados. Y nos dé un corazón limpio. Nosotros también debemos estar listos para perdonar a las personas que nos han hecho algún mal, de la misma manera como Jesús nos perdona a nosotros.
Debemos pedir cada día a Jesús que “no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal”: Hay que orar mucho para no caer en tentación. El Espíritu Santo nos ayudará a decir "no" a Satanás cada vez que nos tiente. Cuando nos quiere hacer decir palabras feas, o enojarnos, y decir cosas malas de los demás, debemos pedir en seguida a Jesús para que nos ayude a ser fuertes y buenos. Podemos hablarle en nuestro corazón, y decirle: "Ayúdame, Jesús querido, a hacer lo que te agrada".
Jesús oye siempre nuestras oraciones y podemos estar seguros de que siempre nos dará lo que le pedimos, si es para nuestro bien.