EL ALFILER 
- Un buen alfiler tiene una buena cabeza. Al ver en el suelo un alfiler sin cabeza nadie lo levantará. Los niños y las niñas tienen una buena cabeza, y cuanto mejor la utilicen de mayor utilidad será para Dios y los hombres.
- Un buen alfiler es afilado. Pero hay alfileres sin punta. ¿Qué hacemos con éstos? Los tiramos. Los niños y las niñas buenos son afilados, perciben pronto las cosas principales, tanto en el juego, como en el estudio, y alcanzan éxito en la vida.
- Los buenos alfileres son siempre brillantes. Alfileres oxidados no sirven. Son peligrosos, pueden producir enfermedades, rompen la ropa. Cada niño y cada niña debe brillar por Jesús. Si queremos ser luces brillantes para Jesús, debemos quedar lejos de las cosas de este mundo que empañan nuestro brillo y nos cubren con la herrumbre del pecado.
- Un buen alfiler debe ser recto. Si está torcido, lo tiramos. Los niños y niñas buenos deben ser rectos: nunca deben mentir o engañar, pues este pecado nos tuerce.
- Además, el alfiler está listo para servir día y noche, en cualquier momento cuando se lo necesite. Y trabaja en silencio. Muy pequeñito, como un niño, pero de gran valor. ¿Ves cuántas cosas nos enseña un alfiler?
Extraído de: “El auxiliar de la escuela sabática” Abril de 1968