EL AIRE 

¿Puedes adivinar qué tengo en esta caja? Es algo que tiene fuerza; es algo que se puede pesar; es algo que se puede comprimir para que ocupe menos espacio; es algo que está en todas partes, y que, aunque es invisible, puedes tocarlo; sin él tu morirías. ¿Qué es? Por supuesto, el aire.

El aire tiene fuerza; puede " impeler", es decir, puede empujar una cosa. (Infla un globo y luego deja escapar el aire. El aire que sale del globo es el que lo empuja. El aire impele (vamos a aprender esta palabra) los enormes jefs, o lo que algunos llaman aviones a chorro. El aire mantiene los aviones que vemos pasar.

Nosotros podemos tocar el aire. Cado vez que percibas una cálida brisa en el verano, o el frío viento del invierno, recuerden que eso es aire.

Todo lo que tiene vida, aun las plantas y los peces deben tener aire, porque de lo contrario mueren. Tú, especialmente tú necesitas aire. El cuerpo de cada uno de ustedes debe tener la parte importante del aire, que es el oxígeno. El oxígeno ayuda a transformar el alimento en combustible, para que la maquinaria del cuerpo siga funcionando, ayuda a mantener el calor, produce y repara células, mueve los músculos y envía mensajes al cerebro.

Jesús nos ama tanto, que, al hacernos preparó todo lo necesario para que el cuerpo humano tuviera todo lo que necesita para funcionar.

"Dios sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente" (Génesis 2:7). Aquel fue el mejor aire de todos. Esta vez Dios no habló, como había hecho con las otras cosas que creó. En cambio, dedicó tiempo y esfuerzo para hacer y dar forma al cuerpo de Adán, con barro que sacó de la tierra. Luego Dios puso en los pulmones de Adán parte del aire, de sus propios pulmones, e hizo que el hombre fuera un ser viviente. ¡Qué emocionante hubiera sido ver eso!

Una vez hice los muebles del santuario en cartón y recubiertos con papel dorado. Eran de la misma proporción que dice la Biblia. Para mí esto es algo que aprecio mucho, porque yo misma lo hice. ¿Recuerdas haber hecho alguna cosa con tus propias manos? ¿Verdad que aprecias eso mucho más, por el hecho de que lo hiciste tú? Bueno, así se siente Dios, con respecto a ti y a mí. Tú crees en él, porque él te hizo, y él tiene los mismos sentimientos para contigo.

Yo no hice nunca un jarrón. Lo compré. Quizá alguna vez tu quisiste comprar algo, pero como no tenías dinero, tuviste que ir guardando poco a poco, hasta que un día finalmente pudiste comprarlo. ¿Recuerdas cómo te sentiste cuando pudiste tener en tus manos lo que habías podido comprar con tu dinero ahorrado?

Cuando Adán y Eva pecaron en el huerto del Edén, dejaron de obedecer a Dios, y obedecieron a Satanás; ya no eran de Jesús. (Vea Génesis 3: 1-24.) Pero Dios tuvo un plan. Era una salida, un plan de escape, de lo que podría por si acaso algo anduviese mal en el mundo perfecto y hermoso. Fue el plan de pagar nuestro rescate para que fuésemos otra vez de él. El precio fue excesivamente caro. Jesús murió en la cruz para pagar por nuestros pecados, por eso ahora le pertenecemos otra vez. (Juan 3: 16.)

 Dios nos hizo, nos compró y nos cuida. Jesús nos hizo y también nos compró; por eso nos cuida de una manera especial. Quisiera que leas Filipenses 4:19. "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta". Cuando Jesús. estuvo aquí en la tierra, hizo notar a la gente con cuánto cariño Dios cuida de los pajaritos y de las flores silvestres. (Lucas 12:7,27). ¡Imagínense cuánto más cuidará de ti!

 

Programas y ayudas 1988