EL NIÑO SAMUEL 

Duerme junto al templo un tierno niño,
que es ofrenda grata de piedad,
niño que su madre a consagrado,
al servicio de Jehová.

La sagrada lámpara ardiendo está,
quieta está la noche en derredor,
óyese entre las sombras
misteriosa y suave voz:

“¡Oh Samuel, oh Samuel!”
dijo aquella voz al niño fiel,
éste va con Elí, y le dice atento “Heme aquí”.
“Yo no fui quién habló, vuélvete a tu lecho”,
dijo Elí; y obediente Samuel
otra vez se fue a dormir.

El Señor deseaba que aquel niño
diera siempre ejemplo de bondad,
que pudiera ser un gran caudillo
y su pueblo gobernar.

Esa noche Dios en su santuario,
quiso hablar al niño con amor,
y otra vez volvió a escucharse
la secreta y tierna voz:

“¡Oh Samuel, oh Samuel!”
dijo aquella voz al niño fiel,
y otra vez, con Elí fue Samuel y dijo
“Heme aquí”. “Fue el Señor”, dijo Elí,
“Si a llamarte vuelve luego di:
 Habla presto, Jehová que tu siervo oyendo está”.