
Hace años, cierto pastor recibió un llamado de una hermana de la iglesia, diciendo que su hijita de diez años estaba postrada en cama a punto de morir. El médico que la atendía había perdido toda esperanza, y tan bondadosamente como le era posible había tratado de preparar a la atribulada madre para lo peor, cosa que podía suceder en cualquier momento.
"Ella nos urgió para que oráramos enseguida por la restauración de la niñita", escribió más tarde el pastor. "Temía que la niña muriera antes de que pudiéramos hacer algo por ella. En el momento en que llegó el mensaje, otro pastor estaba en nuestra casa y ¡untos nos postramos en ferviente súplica por la vida de esa criatura.
"Mientras estábamos unidos en oración, la madre estaba implorando a Dios en su hogar. En ese momento un ángel entró caminando, en la pieza donde la niña estaba acostada, y se sentó sobre un costado de la cama. Puso su mano sobre la cabeza de la niña, y ella fue curada instantáneamente.
Madre y niña, las dos vieron al ángel, cuya presencia iluminó la habitación. La madre vistió a su hija, quien estaba perfectamente bien otra vez".
Años después el pastor estaba asistiendo a la dedicación del edificio de la iglesia y al terminar la ceremonia, una mujer llegó hasta él y le mencionó el incidente. "Yo soy aquella niña que fue sanada", explicó con emoción. "Vi el ángel cuando entró y se sentó sobre mi cama y puso su mano sobre mi cabeza".
Los ángeles todavía atienden las necesidades de los hijos de Dios.