VIAJANDO 

En los tiempos del apóstol Pablo, los servidores de Dios viajaban por el mar y el Señor los cuidaba y protegía de las grandes tormentas.

 Hace unos pocos años, un niño llamado Enrique se embarcó con sus padres, que iban a un país lejano como misioneros.

Enrique estaba muy interesado en ver cómo manejaban el barco, qué era lo que lo hacía marchar, cómo le hacían dar la vuelta, etc.

El capitán lo llevó a la sala de máquinas y le mostró los grandes motores. Luego, lo condujo hasta la cabina del piloto y le pidió que observara mientras éste hacía girar el timón que guiaba el barco.

Una noche se levantó una gran tormenta. El buque se balanceaba fuertemente y así continuó.

Enrique casi no podía estar en la cama, porque el buque se inclinaba de un lado a otro. Oía el viento que silbaba sobre el barco, oía el rugido de las grandes olas y sintió miedo.

- ¿No te acuerdas de que el piloto está junto al timón para guiar la nave? -lo animó el padre. Él permanece en su puesto día y noche. Él sabe dónde nos encontramos y no permitirá que ocurra cosa alguna con el barco.

 -Pero a pesar de ello tengo miedo -dijo Enrique.

- ¿Te has olvidado de que nosotros trabajamos para Jesús? Somos sus hijos y él cuida de nosotros. Jesús sabe exactamente en qué lugar del océano nos encontramos -dijo el papá de Enrique.

- “Ahora sí que no tengo más miedo” - dijo el niño sonriendo-, porque si Jesús sabe dónde estamos, sus ángeles estarán con nosotros aun en medio de la tormenta.

y se volvió a acostar, mientras el buque seguía balanceándose sobre las olas.

El auxiliar de la escuela sabática 1968