
En la frontera entre Kenia y Tanzania vivía un señor que era ciego y que no conocía a Jesús. Ese hombre, aunque a oscuras con respecto a la luz de la Verdad, deseaba profundamente conocer al verdadero Dios y seguirlo.
Una noche el Señor le reveló en un sueño que el mensaje del Dios verdadero llegaría a la aldea donde él vivía para tener reuniones debajo de una higuera muy conocida allí. Al poco tiempo, un grupo llegó a la aldea del ciego y comenzó las reuniones.
Cuando le contaron esto, el señor africano preguntó: ¿Dónde hacen las reuniones? Cuando le dijeron que, en el centro de la aldea, él expresó lo siguiente: "Entonces no son los del Dios verdadero".
Después de algunos meses otra denominación fue al mismo lugar. Y cada vez que al ciego investigador de la verdad le decían que las reuniones no las realizaban debajo de la higuera silvestre, se retiraba de allí.
Finalmente, los jóvenes adventistas fueron a la aldea y comenzaron sus reuniones debajo del mismo árbol que el ciego africano había visto en un sueño. Sus amigos entonces corrieron a decírselo.
“¡Este es el verdadero pueblo de Dios!" exclamaba, mientras iba tanteando el camino hasta el lugar. Él y algunos de sus amigos escucharon con mucho interés lo que se decía, y cuando se preguntó quienes querían decidirse a seguir a Jesús, muchos se pusieron de pie. En poco tiempo se organizó una nueva iglesia con 61 miembros.
El ciego de nuestro relato buscaba una dirección correcta para su vida. Dios contestó sus ruegos y le dio lo que necesitaba. ¿Qué le sucedió por seguir las indicaciones de Dios? Encontró la iglesia verdadera, que se organizó allí con 61 miembros. Conviene seguir las indicaciones divinas, ¿no les parece? ¿Deseas tu seguir las indicaciones de Dios?
Programas y ayudas 1984