UN ÁNGEL LO LLAMÓ POR SU NOMBRE 

Pedro Marshall se sentía muy cansado, y todavía le quedaba un buen trecho para llegar hasta Bamburg por el camino regular. "Me tomaré un atajo", pensó para sí.

La noche era oscura como boca de lobo. El viento que soplaba entre los matorrales y el balido lejano de alguna oveja era lo único que ocasionalmente oía mientras avanzaba por los campos. No tenía luz para guiarlo, pero sentía confianza de que estaba marchando en la dirección correcta.

De pronto un llamado urgente rompió el silencio misterioso.

"¡Pedro!".

—Sí, ¿quién llama? —contestó él. Se detuvo, esperando oír la voz otra vez, para saber dónde estaba la persona que lo llamaba.

—¿Qué desea? La única respuesta que obtuvo fue el suspiro del viento.

—¿Quién es? Estaba en un lugar desolado, donde no habitaba nadie.

Pedro pensó que sólo era su imaginación, así que siguió unos pocos pasos más.

Pero otra vez, oyó un llamado, sólo que esta vez era más urgente: "¡Pedro!".

Asustado, tropezó y cayó de rodillas. Extendiendo la mano para conseguir el equilibrio, no encontró nada.

Con cautela palpó la tierra que lo rodeaba, y descubrió que estaba al borde de una cantera de piedra abandonada. Si hubiera dado un paso más, habría caído a muchos metros de profundidad y hubiera tenido una muerte segura.

Cuando contó esta historia, dijo que entonces no tuvo dudas de dónde procedía esa voz, y sintió que Dios debía tener algún gran propósito para su vida, pues había intervenido en forma tan dramática.

Pocos meses después de este incidente, Pedro se puso en pie en la iglesia para dar un testimonio: "He decidido entregar mi vida a Dios, para usarla para él dondequiera me necesite".

Como resultado, Dios llevó a Pedro Marshall a los Estados Unidos para ser un predicador. Llegó a ser famoso como capellán del Senado de los Estados Unidos, donde tuvo muchas oportunidades de decir cómo Dios lo había protegido y bendecido a través de los años.

¿Qué hubiera sucedido si Pedro no hubiese estado en sintonía con la torre de control celestial? ¿Qué hubiera sucedido si aquella noche de antaño no hubiese escuchado a Dios cuando le habló en los terrenos desolados de Escocia?