
Lee una frase y cierra los ojos para imaginarte lo que describe esa frase.
Olas coronadas de espuma blanca que se rompen contra la costa rocosa. Un águila que se remonta en las alturas sobre el valle. Una gama acompañada de su gamito bebiendo agua en un lago azul y tranquilo.
Todo esto nos habla del cuidado de Dios. Una golondrina del Ártico en vuelo de 11.000 millas (más de 16.500 kms.) hasta el lugar donde anidará. Una ardillita que escapa precipitadamente sobre un árbol caído. Una hilera de hormigas que llevan alimento a su casa subterránea.
Todo esto nos muestra algo de nuestro Creador.
¿Cómo sería si ustedes no tuvieran ojos para ver los tonos azules, dorados y rojos de un día de otoño? ¿Ysi no pudieran oír el ruido atronador de una cascada o el golpecito acompasado de la lluvia sobre el techo? ¿Y si no pudieran ver la transformación de las gotas de rocío en diamantes, hecha por el sol en las primeras horas de la mañana? ¿Y si no pudieran oír el suave ronroneo del gatito que les pertenece? ¿Qué ocurriría si fueran ciegos y sordos?
Helen Keller era así. A los 19 meses de edad, su mundo se transformó de pronto en oscuridad, silencio y temor. Y permaneció así hasta que su maestra, Anne Sullivan le enseñó cómo era el mundo a través del sentido del tacto.
Cuando Helen tenía 10 años, sus padres decidieron que era tiempo de enseñarle algo acerca de Dios, y le
pidieron a un pastor amigo que fuera a su casa y le hablara acerca del Creador. Con la ayuda de la señorita Sullivan como intérprete, le habló a Helen de las montañas, del cielo, del mar, de los pájaros, de las flores y de los animales. Le dijo que, el Hacedor del hermoso mundo en el cual ella vivía, era llamado Dios.
El rostro de Helen se iluminó de alegría y comprensión. Enseguida lo dijo por medio de sus dedos: "Yo siempre supe que existía, pero jamás supe su nombre".
Dios nos ha dado ojos para que podamos ver su poder en un frijol que brota. Él les ha dado oídos para que puedan oír su voz en la marejada que machaca contra la costa. Les ha dado la nariz para que puedan percibir su amor en la fragancia de las madreselvas.
Les ha dado los dedos para que puedan palpar la suavidad de la mano de un bebé y saber que él los cuida.
Les ha dado la lengua para gustar la dulzura de las fresas, para así conocerlo mejor.
Dios quiere que sepan quién es él. Él quiere que hoy lo adoren como su Creador.
Programas y ayudas 2t 1988