SANDRA SE GOZA EN AYUDAR 

Al despertar, Sandra abrió los ojos sonriendo. Es que la mamá estaba preparando el desayuno, y el olorcito que salía de la cocina le decía que le esperaba algo rico para comer. Era su primer día de escuela de ese año, y comenzaría el segundo grado. Ella recordaba que cuando estaba en primer grado le había costado aprender a escribir las letras. Podía leerlas, pero para escribirlas le había resultado difícil. Ahora ya sabía escribir bien.

Volvió a pensar en el desayuno, saltó de la cama y se preparó ligero para estar lista para ir a la escuela. La mamá reía al verla comer con tanto apetito, y tan bien.

-El año pasado no estabas tan entusiasmada para ir a la escuela -le dijo-. Después le entregó su almuerzo y le recomendó que tuviera cuidado.

Sandra le dio un beso, y corrió a la parada del autobús. ¡Qué feliz se sentía! El autobús escolar llegó pronto y se detuvo en la parada. Ella saludó sonriente al conductor y a los otros chicos y se sentó muy ansiosa de ir a la escuela. Le era difícil esperar en cada parada para que otros chicos subieran, pero al fin el autobús llegó a la escuela.

De un salto, Sandra bajó del autobús y corrió hasta la puerta de la escuela y después fue al patio donde algunos estaban jugando mientras esperaban que sonara la campana. Allí se encontró con Dora, Daniela y Elena, quienes estaban jugando pues todavía no era tiempo de entrar al aula.

Sandra estaba en "¡segundo grado!" Al entrar al aula, le ofreció una bonita sonrisa a la maestra, y ella hizo lo mismo, saludando a todos los niños nuevos que tendría como alumnos.

Después de orar y de cantar un canto nuevo, Sandra se gozó viendo a sus compañeritos de antes y comenzó a conocer nuevos amigos. Al poco rato tuvieron el recreo, y la mañana se le pasó rápidamente.

Mientras estaban jugando en las hamacas, una de las niñas menores vino a decirle algo. Era Dora. ¡Le parecía tan chiquitita! Estaba en primer grado. ¡Y Sandra ya estaba en segundo! ¡Se sentía mucho más grande y más segura que Dora!

-Sandra, ¿me podrías ayudar a escribir el abecedario? Mamá me enseñó durante el verano, pero para mí es muy difícil. Dora tenía en la mano un lápiz verde grandote y una hoja grande de papel rayado.

-La maestra me dijo que tengo que saberlas pronto. ¡Ayúdame, por favor!

Sandra casi le dijo que no. ¡Ella ya era una niña grande, de segundo grado! Y se iba a divertir mucho más en los columpios que ayudándole a Dora. Pero al ver cómo la miraba Dora, se acordó de cómo ella se había sentido cuando estaba en primer grado. Entonces la tomó del brazo y le dijo: " ¡Claro que te voy a ayudar! A ver, ¿dónde podemos apoyar el papel?

Buscaron una mesa, y Sandra se sentó con Dora, para ayudarle a escribir las letras del alfabeto.

Las dos reían juntas cuando Dora se equivocaba, aunque realmente lo hizo bien. Enseguida llegó la hora de entrar.

Dora miró a su amiga y le dio las gracias con una linda sonrisa.'

Sandra se sentía feliz. Ayudándole a Dora se había divertido más que columpiándose. Eso le hizo recordar un versículo que había aprendido de memoria: "Más bienaventurado es dar que recibir", es decir, que uno se siente más feliz al dar que al recibir algo. Ella le había dado a Dora lo que podía para ayudarle. Estaba contenta. Era muy bonito estar en segundo grado, pero mucho mejor todavía era ser una misionerita.

Programas y ayudas 1984