
Beatriz miró hacia arriba hacia una ventana que estaba alta, y con una sonrisa en sus labios movió la cabeza. Su hermana Lucila siguió su mirada con asombro y vio cómo una anciana muy pálida le
sonreía también y movía su manita delgada, saludándola.
—¿Cómo hiciste, Beatriz, para conocer a esa anciana? Desde que esa gente se mudó a este lugar, ella ha estado enferma.
Beatriz quedó pensativa y luego le contestó:
—Yo realmente no la conozco, pero ella siempre se sienta al lado de la ventana toda envuelta en mantas, y mira como si estuviera esperando a alguien que conoce. Un día yo pasé y la saludé con la mano, y ella me saludó también; y eso es todo.
—Eso me parece algo fuera de lugar —le dijo Lucila como amonestándola—, ponerte a hablar con una mujer vieja, a quien no conoces. Probablemente ella piense que eres una niña muy rara.
En ese momento sucedió algo que hizo desviar los pensamientos de Lucila en otra cosa, y se olvidó completamente de la andana. Pocos días después, Beatriz enfermó, y pasó como una semana enferma. Cierta mañana cuando Lucila iba a la escuela, fue detenida por una señora cuyo rostro ella no recordaba.
—Discúlpame—le dijo la extraña—, pero ¿tienes tú una hermana de ojos azules y de cabello rubio enrulado? Siempre anda con un sombrerito blanco.
—Tal vez usted se refiere a Beatriz —dijo Lucila extrañada.
—¿Está enferma? Hace varios días que no la vemos.
Lucila le explicó lo que pasaba, y la señora la escuchó con mucho interés.
Cuando Lucila terminó de hablar, la señora tomó la palabra.
—Mi mamá decía que estaba segura de que la niñita "Rayito de sol", como ella la llama, estaba enferma. Le pusimos este sobrenombre desde que ella comenzó a sonreír a mi madre y a saludarla con la mano. Tú sabes, ella vino de otro lugar, y le resultó muy difícil dejar tan tejos a todas sus antiguas amigas.
Ella dice que es bueno trasplantar plantas cuando están tiernas, pero luego no. Bueno, elfo estuvo enferma durante tanto tiempo que se debilitó muchísimo, y un día, sentada al lado de la ventana, se sintió con tantas nostalgias, que no le importaba vivir o morir; pero entonces pasó tu hermana que le sonrió y la saludó con la mano.
Es increíble cuánto significó esto para mi madre; una cosa tan insignificante. Parece que eso la hizo olvidar de sí misma, y se lo pasaba hablando de esa niñita, del hermoso rostro que tenía, de su dulce sonrisa; siempre pensando en cuándo pasaría por nuestra casa y miraría hacia su ventana otra vez.
Pero, al día siguiente lo hizo, y no sabes cuan contenta se sintió. Creo realmente que ésa es una de las razones por las cuales está mucho mejor. Pero, al pasar toda una semana sin verla, aunque sea por un momento, mi mamá estaba realmente preocupada, y segura de que "Rayito de sol" eslaría enferma.
—Probablemente saldrá mañana, y yo le diré que, si pasa por su casa, mire hacia la ventana.
La señora sonrió. —Creo que no necesitarás decírselo. Porque ella no es de las que necesitan que
le digan lo que deben hacer. Es exactamente como los rayos de sol. No necesitan que se les diga que deben brillar. Lo hacen porque saben que así deben hacerlo.
Y tú, ¿De qué forma muestras el amor de Dios a los demás?
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