PISADAS EN LA ARENA 

Cierta mañana dos árabes estaban sentados bajo la frescura de su tienda, hablando sobre religión.

—¿Cómo sabe —le preguntó uno al otro—, que hay un Dios, un Ser Supremo que creó todas las cosas?

Después de pensar sólo por un momento, el otro contestó:

—¿Cómo puedo saber si fue un hombre o un camello el que anduvo anoche alrededor de mi tienda mientras yo dormía?

—Lo puedo saber por las pisadas —le contestó el interlocutor. Las pisadas dejadas en la arena no pueden engañar. Aunque el árabe había estado durmiendo, sabía que sin duda alguna un camello había pasado por su tienda aquella noche.

—Entonces —continuó el humilde hombre del desierto—, ésa es la manera como conozco a Dios. Lo conozco por las pisadas, que están alrededor nuestro.

¿Puedes reconocer las pisadas de Dios en el mundo que te rodea? ¿Cuáles son las pisadas de Dios que has visto durante esta semana en la naturaleza?

Por ejemplo: el sol, la lluvia, las nubes, los árboles, los pájaros, los animales, las flores, la hierba, la luna, las estrellas.

“Dios nos habla por medio de la naturaleza. Escuchamos su voz al contemplar la belleza y la riqueza del mundo natural. Vemos su gloria en las hermosuras trazadas por su mano. Contemplamos sus obras sin velo que las cubra. Dios nos ha dado estas cosas, para que al contemplar las obras de sus manos podamos aprender acerca de él.

El Señor nos ha concedido estas cosas preciosas como una expresión de su amor. El ama lo bello, y para complacernos y agasajarnos ha extendido delante de nosotros las bellezas de la naturaleza, tal como un padre terrenal trata de poner cosas lindas delante de los hijos que ama. Al Señor siempre le gusta vernos contentos. A pesar de que el pecado es la causa de todas sus imperfecciones, ha combinado en esta tierra lo útil con lo hermoso. El delicado color de las flores nos habla de su ternura y su amor. Tienen su propio lenguaje, que nos recuerda al Dador.

Por medio de la naturaleza podemos contemplar al Dios de la naturaleza. El revela su carácter mediante los elevados árboles, los arbustos y las flores. Se lo puede comparar con los más hermosos lirios y rosas. Me gusta contemplar las cosas de Dios manifestadas en la naturaleza, porque el Señor ha impreso en ellas su propio carácter. Nos las ha dado porque nos ama, y quiere que nos complazcamos en ellas. Por lo tanto, no adoremos las cosas hermosas de la naturaleza; por el contrario, veamos al Dios de la naturaleza por medio de ella, para que así nos sintamos inducidos a adorar al Dador. Respondan a los propósitos de Dios estos hermosos ministerios de amor, y acerquemos nuestros corazones a él para que nos llenemos de la belleza de su carácter, y adoremos su bondad, su compasión y su amor inefable.” (E.G.W. “Cada día con Dios” 20 de agosto)