
Rogelio estaba furioso porque su hermanita Cintia por séptima vez le había tirado el tren, y causándole un terrible desastre.
-¡Cintia! -gritó Rogelio, mientras la niña salía corriendo de la habitación, seguida por Rogelio, quien iba pisándole los tolones. -iEspera que te coja!
-Mamá, Cintia me deshizo el tren siete veces esta tarde, y ahora me las va a pagar.
-Lo hice sin querer, mamita -dijo Cintia con cara de inocente, espiándolo, refugiada detrás de lo mamá.
-Pero, Rogelio, no pareces ser el mismo. Siempre has sido muy bondadoso con Cintia. Papá y yo pensábamos que tú la quieres mucho.
-Sí, yo la quiero, es cierto, pero ya no puedo más. No me ha dejado jugar tranquilo en toda la tarde, y no la aguanto más. Nunca más voy a permitirle que juegue con mis cosas.
- ¿Por qué hiciste eso, Cintia? -le preguntó la mamá a su hijita.
--Porque me gusta verlo caer -contestó Cintia, todavía escondiéndose detrás de la mamá.
--¿Te parece justo lo que le hiciste a Rogelio? Me parece que ya es hora de que salgas de aquí y vengas a jugar afuera, donde yo estoy. Trae tus muñecas. ¿Por qué no le pides perdón a Rogelio? Tal vez te deje jugar con él otra vez en algún momento.
-Perdóname -dijo Cintia muy mansita.
-¡Perdón! -explotó Rogelio-. Eso es lo que siempre dices. Pero yo no voy a ser tonto, y no la voy a perdonar.
-¡Por favor, Rogelio, perdóname! Te prometo que no lo haré más.
La mamá entonces intervino.
-Si Cintia te pide perdón, debes perdonarla. Jamás debes dejar de perdonarla.
-No sé por qué -dijo Rogelio.
-Porque Jesús dice en la Biblia que debiéramos perdonar setenta veces siete...
-¿Quieres decir que tendré que dejarla que me vuelque el tren, cuatrocientas noventa veces, y que cada vez tendré que perdonarla?
-Lo que Jesús quiso decir es que debemos perdonar a una persona, sin importarnos cuántas veces nos haga mal o nos moleste, como Jesús lo haría. Piénsalo.
Rogelio volvió a jugar con su tren.
Veinte minutos más tarde, lo mamá oyó unos pasos que llegaban hasta el lugar donde Cintia estaba jugando con sus muñecas.
-Cintia -con voz cariñosa, Rogelio le dijo a su hermanita:
-¿Te gustaría aprender a hacer funcionar mi tren?
El espíritu del perdón había hecho una hermosa obra.
Programas y ayudas 1990