NO SE VENDÍA POR NADA 

Javier iba apresurado hacia su casa cuando vio un auto grande de color gris, que dio vuelta la esquina a toda velocidad y atropelló al pequeño Ricardo que iba en bicicleta. Ricardito fue arrojado a un costado de la calle, y allí quedó inmóvil. Javier llegó al lugar justamente a tiempo para ver que un hombre alto y canoso levantaba a Ricardito y lo ponía en el asiento de atrás de su auto.

-Lo voy a llevar al hospital -dijo el hombre- ¿Cómo te llamas?

-Javier ·-respondió el niño casi sin resuello-. ¿Cómo está Ricardito? ¿Puedo hacer algo para ayudarle?

Al día siguiente, el auto de color gris se detuvo frente a la casa de Javier, y el conductor lo llamó para que se acercase.

-Escucha, Javier. Tú eres el único que vio lo que sucedió ayer. Yo no quise atropellarlo, y el niño se fracturó sólo una pierna; va a quedar bien. Pero... quisiera que vengas conmigo y declares que viste que Ricardito iba en bicicleta, y que se me echó encima, por no mirar. Yo te daré una buena recompensa. Supe que tu madre es viuda, y ella podrá usar el dinero muy bien. Total… una mentirita no te hará daño.

-Lo lamento, señor, pero yo no miento -contestó el muchacho asombrado-Por supuesto, mi mamá necesita dinero, pero no ganado de esa manera. ¡No, no iré!

Cuando la madre de Javier supo esto, le dijo a Javier muy contenta: -Ya recibirás el pago por tu honestidad, querido. Me siento muy feliz porque rehusaste aceptar ese dinero.

De alguna manera corrió la noticia de lo sucedido, y pocas semanas después, cierta tardecita llegó un negociante a la casita de Javier y le dijo:

-Tengo un trabajo para ti. Quiero que trabajes en mi escritorio. Necesito un joven honesto como tú.

Y Javier se sintió feliz ante esta oferta.

¿No te parece que Javier siguió el modelo de la vida de Jesús? ¿Qué harás tú?

Programas y ayudas 1984