1. Meri va a la escuela sabática 
Meri va a la escuela sabática en el sur de Asia.
"Es el día más feliz; más feliz, más feliz;
es el día más feliz. iSábado feliz!" CI 2, N" 50
La pequeña Meri daba palmaditas mientras cantaba. Era sábado de mañana. Toda la familia reía y cantaba mientras se lavaba la cara y se cepillaba los dientes.
Después, Meri le ayudó a la mamá a poner las esteras en el suelo. Iban a desayunar. ¡En la casa de Meri no se sientan a la mesa como nosotros! Se sientan en esteras o mantas, de piernas cruzadas, y en lugar de cubiertos usan los dedos.
En vez de poner platos, Meri puso hojas frescas de banano (plátano) sobre las esteras; una hoja para cada miembro de su familia. Una para el padre, otra para la madre, otra para Yeia, su hermana de 12 años, otra para Kiumar, su hermano de 8 años, otra para Shila, de 6 años, y otra para ella.
Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis esteras y seis hojas de banano. A veces la mamá les servía un guiso de trigo mezclado con cebollas, pimientos y nueces, llamado "upama". A veces comían pan y frijoles, o tortitas de arroz, con leche de coco. Cuando terminaron de comer echaron a la basura las hojas de banana y así no tuvieron que lavar ningún plato.
Después, todos fueron a vestirse ligerito. Se pondrían la mejor ropa de sábado. "Apa" que es la palabra que se usa para decir "papito" en el Sur del Asia, se puso sus pantalones blancos y una camisa larga, blanca, especial para el sábado, llamada "Kurta". "Ama", como Meri llama a su madre, se puso un hermoso "sari" de seda. Es una franja larga con que se envuelven el talle y cubren la cabeza las mujeres. La hermana mayor, Yeia, se puso una falda y una blusa, y se envolvió en un medio sari. Kiumar siempre andaba de pantalones y camisa. Shila y Meri se vistieron muy bien, de maxi-falda.
Cuando todos estuvieron listos, salieron hacia la iglesia. ¿Cómo habrán llegado hasta allí? Como vivían muy lejos para ir caminando, algunas veces tomaban un autobús grande, rojo. Otras veces iban en un carrito llamado "ricksha-ciclo". Es un pequeño taxi muy raro, que tiene sólo tres ruedas. El conductor se sienta adelante, y en el asiento de atrás hay lugar para dos o tres personas. Por eso, cuando toda la familia va en ricksha-ciclo, necesitan tomar dos. A Meri le gusta el ricksha-ciclo porque con los brincos que da, hace saltar. Al dar vuelta a las esquinas deben sujetarse para no caer. El viento que entra por los costados abiertos les embolsa los vestidos y Meri se ríe porque de esa manera todas parecen ser gordas. A veces, mientras van a la escuela sabática, Meri canta:
"El me cuida a mí, él me cuida a mí;
en el ricksha en que voy, sí, él me cuida a mí".
En la escuela sabática de Meri no hay sillitas para los niños, ni tampoco lindas cortinas en las ventanas. Los niñitos se sientan en el piso, sobre esteras, y siempre con las piernas cruzadas.
La maestra de "sari" como la mamá de Meri, tiene un franelógrafo para contar las mismas historias que ustedes oyen en su escuela sabática. Ellos aprenden de memoria los mismos versículos que ustedes, y les gusta cantar los mismos cantos que a ustedes les gustan:
¿Les gustaría oír un canto en el idioma de Meri, en "kannada"? Es el canto: "¡Qué hogar feliz!", de Cantos infantiles para la escuela sabática, N° 103.
Yeisú moní alijerai
¡Maja sant shavú!
¡Maja sant shavú l
¡Maja sant shavú I
Yeisú moní alijerai
¡Maja sant shavú!
¡Maja sant shavú!

2. Jesús sana a Meri
El mercado consiste en una feria al aire libre. Todos los que quieren vender algo, se dirigen al centro del pueblo, donde hay un gran espacio abierto. Allí ponen una tela sobre el suelo, y exponen lo que desean vender. También se ven muchas canastas con verduras, hortalizas y frutas para la venta. Otros colocan sus mercancías sobre mesitas.
En la casa de Meri, esa mañana no parecía sábado, porque nadie se vestía para ir a la escuela sabática, nadie cantaba, nadie reía. Meri tampoco daba palmaditas. Estaba acostada en su cama de bambú en una esquina del cuarto. Estaba toda tapada, y en la cabeza tenía un paño mojado. La mamá estaba sentada en el piso, al lado de su hijita. De pronto le sacó el paño que le había puesto en la cabeza, le pasó el brazo por detrás de los hombros y trató de sentarla.
-Siéntate, querida, y toma el agua de arroz que preparé para ti. Esto te ayudará a sentirte mejor.
-No, "ama", no puedo dijo la niñita.
La mamá le tocó la cabeza y estaba muy caliente. Ella sabía que debía conseguir que bebiera algo.
-Por favor, Meri. Trata de beber esto por amor a "ama".
Pero, Meri no pudo beber el agua de arroz. Es que estaba muy mal. Le dolía la cabeza, le dolía la espalda, le dolían las piernas, ¡le dolía todo! Sólo quería dormir. La mamá, entonces, la recostó con cuidado sobre la almohada y fue a llamar al papá.
-Tenemos que llevarla al doctor -le dijo-, porque no sé qué hacer para que se sienta mejor.
La mamá envolvió a Meri en una frazada, mientras el padre salía a llamar un ricksha.
-Llévenos al hospital le dijo el padre al conductor. Nuestra hijita está muy enferma. ¡Por favor, rápido!
Cuando llegaron al hospital, la enfermera le sacó la manta y acostó a Meri sobre una mesa grande. El doctor llegó y la examinó. Le tomó el pulso y también la temperatura, le miró dentro de los ojos, le revisó los oídos, le miró dentro de la boca.
-Denle este remedio rosado-dijo el doctor·--. Creo que esto la sanará.
Los padres llevaron a Meri a la casa y la pusieron sobre una cama en un rincón. Ellos hicieron todo lo que les mandó hacer el médico, pero el remedio no le hizo nada. Entonces fueron a ver a otro doctor, y él les dio una medicina blanca, Que tampoco le ayudó. Meri cada vez estaba peor. Por último, la madre dijo: Si los doctores no pueden hacer nada, yo sé quién puede hacer algo. Jesús puede sanar a mi hijita.
-¡Corre ligero a la casa del pastor! -le pidió la madre a la hija mayor, y dile que venga enseguida a orar por nuestra hijita.
Yeia corrió tan ligero como pudo, pero cuando llegó a la casa del pastor, no encontró a nadie. Él había salido; estaba visitando otra iglesia. La esposa había ido al mercado, y nadie sabía cuándo volverían. Podría ser demasiado tarde para ayudar a Meri.
Entonces sucedió algo de lo más raro. Allá lejos, en el mercado del pueblo, la esposa del pastor estaba comprando patatas, zanahorias y arvejas, cuando una vocecita pareció decirle: "Debes ir a la casa de Meri ahora mismo; enseguida".
La señora del pastor miró a su alrededor, pero no vio a nadie que pudiera haberle hablado. Pensó que sería Jesús quien le había dicho eso, así que rápidamente puso en su coche lo que había comprado, y se dirigió a la casa de Meri.
-¡Gracias a Dios! -dijo la mamá de la niñita, cuando la vio llegar-. ¡Por favor, ore por Meri! Yo sé que Jesús puede sanarla. Los remedios no le han hecho nada, y tememos que muera.
La señora del pastor se arrodilló al lado de la cama de la niñita enferma, puso una mano sobre su frente afiebrada y oró:
"Querido Jesús, tú sabes cuánto te ama Meri. Tú sabes cuánto le gusta ir a la escuela sabática. Ahora está muy enferma y nadie puede sanarla. Sólo tú puedes ayudarle. Por favor, quítale la fiebre, si es tu voluntad Amén"
-¡Muchas gracias! -dijo la mamá
-Las espero en la escuela sabática la semana próxima -dijo la señora del pastor al subir al auto y ¿saben que el sábado siguiente Meri estuvo en la escuela sabática? Sólo pasaron unos pocos minutos después que la señora del pastor se fue, y Meri abrió los ojos y se sentó. Quiso comer algo. La fiebre había bajado, porque Jesús se la quitó. Meri amaba muchísimo a Jesús y le dio las gracias por haberla sanado. Ella vive muy lejos de aquí, en la India. La gente de la India no se viste como nosotros. También vive en casas diferentes; come comidas diferentes; son diferentes a nosotros, pero Jesús los ama tanto como nos ama a nosotros. Él oye nuestras oraciones y nos cuida igual como cuidó a Meri.
Por Dororhy Watts
Programas y ayudas 1984