
La mamá de Margarita le dio una manzana grande para que la comiera.
Era la última que le que le quedaba. Pero antes de que Margarita hubiese probado un solo bocado, llegó su amiguita Rut para verla. ¿Les parece que Margarita escondió su manzana para que Rut no la viera? No, sino que dijo.: "¿Te gustaría probar un pedazo de mi manzana, Rut?"
Y como la niña contestara que sí, la mamá cortó la manzana en dos y Margarita le dio la mitad a su amiguita.
¿No les parece que Margarita se habrá sentido más feliz que si hubiese comido sola su manzana?
Sí, todos los niños se sienten más felices cuando comparten sus cosas con otros.
Te voy a contar lo que le ocurrió a Haroldo.
Haroldo se sentó sobre el césped: Tenía un plato de fresas que estaban muy dulces. Tomó una por su tallo y se la comió. Y luego se comió otra más.
A Haroldo le gustaban mucho las fresas.
-¡Hola! -oyó que alguien gritaba a sus espaldas.
Haroldo se dio vuelta para ver quién le hablaba. Era María. su amiguita, que venía a visitarlo.
María cruzó el césped a toda carrera.
Él siempre se alegraba de ver a María, pero en ese momento no estaba muy contento. Haroldo quería comer solito todas sus fresas. No quería darle ninguna a María.
Pero María no le pidió fresas. Se sentó a su lado y comenzó a hablarle. Luego se levantó y se fue a corretear por el césped. Haroldo sé comió algunas fresas más. Pero, cosa rara, ya no tenían el mismo sabor. No le parecían tan dulces como las primeras.
Entonces, Haroldo comenzó a pensar: "Soy egoísta. Jesús hace crecer las fresas. Me permite comerlas. Él quiere que yo comparta lo que tengo con los demás".
-Ven María, Y ayúdame a comer estas fresas. - le dijo de repente.
María llegó a su lado, dando saltitos sobre el césped.
-Gracias, Haroldo -le dijo- ¡Parecen muy sabrosas!
Los dos comenzaron a comer fresas.
-Estas fresas son muy buenas. -dijo María, y Haroldo pensó que en. verdad era así:
Le. parecieron también más dulces que antes, y junto con María comió esas fresas tan grandes y sabrosas.
Luego agradecieron a Jesús. por habérselas dado.
Los niños se sienten más felices cuando comparten sus cosas con los demás.
Somos más felices cuando damos a otros, que cuando recibimos.
El auxiliar de la escuela sabática 1967