
Luisa es una persona amorosa, que acaba de unirse a nuestra iglesia. Si la conocieran les resultaría muy simpática, como les sucede a todos los que la tratan.
Ella ha estado aprendiendo a confiar en el cuidado de Dios.
Hace más o menos un año le diagnosticaron que tenía un cáncer sin esperanza de recuperación. En respuesta a oraciones especiales mejoró. Cierto día le pareció que alguien le hablaba diciéndole: "Luisa, el Señor te ha sanado. ¿Qué vas a hacer para agradecerle?". Ella no hizo caso a esa impresión, pero nuevamente tuvo un pensamiento tan intenso, que contestó:
"¿A cuál iglesia iré, Señor?". Abrió las páginas amarillas de la guía telefónica y miró "Iglesias". El nombre "Adventista del Séptimo Día" saltó a la vista.
Ella llamó al pastor y se presentó. Le dijo que deseaba ser bautizada. El pastor asociado estudió con ella durante algunas semanas y se unió a la iglesia por medio del bautismo.
Poco después de haber sido bautizada, durante algunas noches soñaba cosas que la aterrorizaban.
Soñó que caían las estrellas, que la luna se ocultaba detrás de un intenso color rojo. Soñó con una imagen gigante que había sido derribada. Vio un enorme carruaje aproximándose a la tierra. Su sobrino parecía estar llamando a su puerta, y ella le rogó: "Entra y pídele al Señor que tenga misericordia de ti".
Luisa habló con el pastor y le preguntó qué significaba ese sueño que se iba repitiendo siempre. Después de investigar, el pastor se dio cuenta de que los estudios bíblicos que le habían dado antes de bautizarla no habían incluido las profecías de la segunda venida de Cristo. Estudiaron esas profecías ¡untos, y Luisa sintió la necesidad urgente de compartirlas con sus amados y vecinos. Un jueves decidió ayudar todo el día, pues sentía la carga de compartir las buenas nuevas del regreso de Cristo con su familia.
El sábado de tarde, Luisa asistió a una reunión familiar. Sabiendo que si hablaba abiertamente de todas estas cosas a sus parientes pensarían que estaba mal de la cabeza, le dijo a su sobrino que lo había visto patente en su sueño. Le pidió si podrían ir a hablar en privado al auto, y así lo hicieron. Él tenía 19 años; Luisa comenzó a orar silenciosamente para saber cómo encarar el asunto de la mejor manera.
Mientras comenzó a hablar, diciéndole cuan cercana le parecía que estaba la venida de Cristo, él la interrumpió.
—Tía Luisa, ahora tienes que oírme a mí. Yo tuve un sueño.
La noche anterior él había soñado que fuera de la casa se oía un terrible estruendo. Salió y se dio cuenta de que era un tremendo terremoto. Corrió a la puerta de la tía Luisa, y llamó. Ella abrió la puerta y dijo: "Entra y pídele al Señor que tenga misericordia de ti".
Cuando terminó de contar su sueño, Luisa le contó el suyo. El sobrino dijo que quería tomar estudios bíblicos.
Entonces el pastor comenzó a darle una serie de estudios bíblicos a ese sobrino.