LA VICTORIA DE MARÍA ELENA 

María Elena siempre estaba en movimiento; era muy traviesa, tanto que cansaba a la mamá y le daba dolores de cabeza al papá. Esa tarde había estado peor que nunca, y al llegar la hora de dormir, nadie se sentía más contenta que la mamá de María Elena.

¡Por fin! --suspiró la señora-. Tal vez puedo tener un poco de paz ahora.

Estaba tan cansada, que decidió recostarse en un sofá, para descansar un momento. Poco a poco fue cediendo al sueño, pero antes de cerrar del todo los ojos, se dio cuenta de que la puerta del comedor se iba abriendo muy suavemente. ¿Qué podría ser?

Un momento más de suspenso ... y detrás de la puerta apareció la figura de una niña vestida de largo. Era María Elena en camisón.

La mamá no se movió ni pronunció ninguna palabra. Se hacía la dormida, pero estaba observando.

María Elena se dirigió en puntas de pie hacia la mesa. En el centro se podía ver un plato grande, lleno de manzanas, naranjas y nueces, con un precioso racimo de uvas sobre todas las frutas. María Elena había estado codiciando ese racimo de uvas durante todo el día ... Extendió la mano, sacó las uvas, y en puntas de pies otra vez se dirigió hacia su pieza, después de cerrar la puerta con sumo cuidado.

Pensaba que nadie la había visto. Sin embargo... ¡las madres todo lo ven!

¿Será posible que mi María Elena haga cosas como éstas? ¡Y que espere hasta que crea que estoy dormida para hacerlo!

La señora estaba muy triste. Siguió pensando ... En ese momento, la puerta del comedor comenzó a abrirse suavemente otra vez, y apareció la misma figura de ropa larga. Era María Elena, otra vez, con el racimo en la mano.

En puntas de pie se acercó a la mesa y lo colocó donde lo había encontrado. En el momento de hacerlo, dijo en voz alta: "¡Y ahora, váyase de aquí, Señor Satanás!"

Luego se dio vuelta en dirección a la puerta, pero antes de que llegara a acostarse, la mamá la alcanzó y le dio un fuerte abrazo. ¡Qué momentos pasaron las dos entonces!

Quiero imaginar lo que ocurrió aquella noche. Durante todo el trayecto hasta el comedor, Satanás le

habrá dicho a María Elena: "Anda, las uvas son riquísimas Pruébalas. Total... tu mamá nunca se dará

cuenta".

Al mismo tiempo, otra voz interior le diría: "¡No, María Elena! Eso sería robar. Robar es un pecado. A tu mamá no le gustará que lo hagas. Sé buena y devuelve las uvas de donde las sacaste". En algún lugar preciso se ganó la victoria, y después, todo se transformó en felicidad como siempre sucede cuando obtenemos la victoria sobre la tentación. Recordemos que las tentaciones están ante nosotros todo el día. Debemos acercarnos más a Dios y resistir al Diablo, decirle "NO".

Programas y ayudas 1984