
—Lo lamento, señora Daloto, pero su hijo tendrá que dejar de jugar a la pelota. Tiene un soplo en el corazón.
—Muy bien, doctor. Veremos si obedece sus órdenes —dijo la señora con calma.
—¡No! ¡No! ¡No! —gritó Terry, un chico de catorce años—. Yo no quiero ser inválido toda mi vida. Primero tuve ese problema con la rodilla, y ahora es con el corazón. ¡Eso no puede ser! ¿Por qué Dios me hace eso?
—Dios no te lo hace —le explicó lo madre—, él simplemente permite que esto te sucedo por algún propósito. En su sabiduría él ve que hay algo que tú necesitas aprender.
—¿Y qué?
—Tener paciencia y fe. Piensa en cuan disgustado te sientes contigo mismo cuando haces algo que por poco no es perfecto. Hay que aprender a vivir. Ten fe en Dios y todo saldrá bien.
—¿Cómo puedo tener fe en Dios cuando todo anda mal? —suspiró Terry—. Nunca más podré ser feliz.
Para mí es como si se acabara el mundo.
—Yo sé —trató lo madre de consolarlo lo mejor que pudo—, pero debes tratar de creer que Dios te ama.
No pierdas tiempo murmurando, soto trata de aprender las lecciones que él quiere que aprendas.
En tos oscuros días que siguieron Terry aprendió a tener paciencia. Día tras día cumplía las órdenes de los médicos y luchaba para tener completa fe y con fianza en Dios. Después de doce torgas meses, el soplo del corazón desapareció milagrosamente y Terry pudo empezar de nuevo con su vida activa de deporte. Ganó campeonatos de estado en fútbol, béisbol, basket y vallas. Además, se te ofrecieran becas en más de 50 colegios. Así siguió hasta que llegó a ser un astro en basket profesional.
¿Está tratando Dios de enseñarte una lección poniéndote alguna valla en tu camino? No te preocupes. Ten fe en Dios. Cree que te ama, y cuando sea el momento conveniente Él contestará tus oraciones.