
Corita miraba hacia el gran manzano. ¡Cuánto deseaba comer algunas de esas jugosas manzanas!
Había algunas en el suelo, pero su mamá le había prohibido ir al terreno del vecino y juntar manzanas o cualquier otra cosa que no le perteneciera a ella. Corita recordó las palabras de su mamá, pero… esas manzanas estaban tan cerca y había tantas, que seguramente la vecina no diría nada si ella tomaba una.
En ese momento un hermoso pájaro se posó en una rama cercana. Al mirarlo Carita pensó por qué no podía ser como los pájaros e ir de árbol en árbol para deleitarse comiendo sus ricas frutas.
Cuando más tentada se sentía a tomar una de aquellas manzanas, y mientras en su mente se agolpaban toda clase de pensamientos, la vecina apareció por la puerta de atrás y le dijo: "¿Quieres algunas manzanas?" Corita no sabía qué decir. ¿Se echaría a correr? Pero ¿por qué habría de actuar como culpable si no había tomado ninguna fruta?
-Aquí hay algunas mejores que las de allí -le dijo la señora-Toma éstas.
-Gracias -dijo Corita. y corrió hacia su casa para compartir las manzanas con su hermanito.
-Mamá, estoy contenta porque no tomé ninguna manzana -dijo Corita aquella noche mientras se arrodillaba para orar. Me siento mejor.
-Siempre te sentirás mejor cuando procedas bien -fue la respuesta de la madre. Recuerda que, aunque Eva era una mujer adulta, tomó del fruto que no debía tomar. Dios le había dado toda clase de frutos menos uno que no debía tocar. Pero Eva se puso a contemplarlo y a medida que más lo miraba, más lo deseaba. Finalmente se acercó más, lo tocó y luego lo cogió y se lo comió. Dios le había dicho que si comían de ese fruto prohibido tendrían que morir.
Desde entonces la muerte ha pasado a todas las personas. Fue realmente terrible lo que hizo Eva, con esto atrajo mucho dolor a los hombres. Y nosotros hoy tampoco podemos desobedecer sin sufrir, pero Jesús es bueno y él nos perdona si nos arrepentimos del mal que hacemos. De esta forma podrá llevarnos a su hogar celestial.
El auxiliar de la escuela sabática 1968