

En ciertos lugares del sur de los Estados Unidos y de América Central existe un animal muy parecido al cerdo, llamado pecarí. Quizá alguno de Uds. lo ha visto en el zoológico. Los pecaríes son bastante pequeños, del tamaño
de un perro mediano.
Los granjeros saben que este animal es muy destructivo para sus sembrados, pues tiene la costumbre de hociquear. Su hocico es fuerte y no abandona los jardines y los huertos hasta que deja todo arruinado.
Por este motivo, los granjeros persiguen a los pequeños pecaríes durante muchos días a fin de destruirlos. Esta mañana quiero hablarles de estas cacerías.
Los pecaríes tienen hábitos nocturnos y pasan todo el día durmiendo. Al amanecer corren hacia algún pantano y buscan alguno de los muchos árboles huecos caídos existentes en la región. Cuando un pecarí va a dormir no hace como hacemos nosotros. Se dirige hacia el tronco y entra en el hueco caminando hacia atrás. Luego entra el siguiente. Y así proceden todos hasta que una docena o más se refugia en el tronco. El último en entrar es el jefe, que también lo hace de la misma manera, pero dejando el hocico fuera del tronco.
¿Saben por qué entran en el hueco caminando hacia atrás? Lo hacen para estar listos para salir corriendo en caso de que se presente algún enemigo. El jefe queda haciendo la guardia.
Hay varios modos de cazarlos, pero éste es uno de los más interesantes: Los granjeros se reúnen en una
mañana lluviosa. Tres o cuatro llevan rifles y se dirigen todos hacia los
pantanos. Después de buscar un rato, observan un hocico que asoma desde el tronco hueco de un árbol. Cada cazador elige un árbol al que pueda trepar fácilmente, pues los pecaríes son muy salvajes cuando se despiertan no temen atacar ni siquiera al hombre. Después que cada hombre ha elegido un árbol, se da una señal y uno de ellos dispara sobre el hocico que asoma del hueco. Con el estampido, el pequeño centinela cae hacia adelante, muerto. El pecarí que lo sigue comprende que algo le ha ocurrido a su compañero y que se necesita otro guardián. Pero su cabeza soñolienta parece no advertirle que la muerte está cerca.
Se dirige hacia la salida del tronco, mira a su alrededor y está listo para retroceder cuando se oye otro estampido,
y él también cae muerto.
Esto continúa a veces hasta que mueren cinco o seis del grupo. Finalmente salen corriendo hacia los
hombres, quienes se trepan a los árboles.
Por extraño que parezca, no tratan de escapar para salvar sus vidas. Se quedan dando vueltas, furiosos, alrededor de los árboles hasta que los granjeros dan muerte todos.
-“Seguramente el pecarí es un animal muy tonto”, dirías tú.
Pero, ¿has pensado alguna vez cuán semejantes a ellos son muchos muchachos y chicas. El pecarí jamás parece escarmentar con los errores ajenos. Nosotros vemos que otros pierden su salud y el futuro de su vida a causa de fumar o beber u otras drogas.
¿Seremos tan tontos como los pecaríes y haremos lo mismo? Hemos escuchado de hogares y vidas arruinados por estos males. ¿No debiéramos huir de semejante peligro? Vemos que otros fallan en muchos aspectos. ¿No debiéramos evitar aun la apariencia del mal y guardarnos de las sendas de la tentación? Pidámosle ayuda a Dios en oración para que no hagamos como los pecaríes que sabiendo que les va a ir mal eligen el error.
Programas y ayudas 1984