EL NUEVO VECINO DE TOMÁS 

—Mamá, mamá —llamó Tomás mientras entraba a la casa jugando con la pelota. Se está mudando una nueva familia a la casa de al lado. Hay una bicicleta de varón que ya han descargado, y vi un bate asomando en una caja. ¡Parece que vamos a tener otro chico de nuestra edad para jugar en nuestro equipo de béisbol, y además un vecino para jugar con él! ¿Me dejas ir a conocerlo?

—Dales tiempo para que se acomoden —le dijo la madre riendo—. Yo me voy a acercar para decirles que me alegra tener nuevos vecinos y ver si podemos ayudarles en algo. Tal vez tú veas al chico esta tarde en el patio y puedas darle la bienvenida al barrio.

—Esta tarde pasé, pero no se ve a ningún muchachito. Sin embargo, deben tener uno, porque yo vi una bicicleta y un bate descargados.

Ese día, más tarde, la mamá de Tomás se hizo una escapada para ver a los nuevos vecinos. Tomás la esperó ansioso en la puerta.

—Tienen un varón en la familia, ¿no es cierto? —le preguntó, mirando su rostro sereno.

—Sí, mañana lo van a traer del hospital. Tiene un hueso mal formado, por eso sus piernas están dentro de soportes de metal, pero con ejercicio y mucha paciencia podrá caminar otra vez. Se llama Jaime, y a la mamá le gustaría que vayas mañana de tarde cuando esté en casa.

—Pero... no puede correr, ni jugar. ¿Qué vamos a hacer?

—Quizá sea tu oportunidad para que hagas algo realmente bueno por él. Piensa en algo. La mamá dice que él sigue haciendo los deberes para la escuela.

A la tarde del día siguiente, Tomás fue a ver a su nuevo vecino. La señora invitó inmediatamente a Tomás para que entrara a la sala. —Jaime —le dijo a su hijo—, éste es nuestro vecino de al lado, Tomás—. Estoy segura de que serán buenos amigos.

A Tomás se le pasó la vergüenza cuando Jaime sonrió y dijo:

—¡Qué suerte tengo! Nos mudamos al lado de un chico de mi edad, y justamente también cuando puedo estar fuera del hospital. ¿Ves mis soportes? Ya las puedo usar un poco. Por supuesto, voy a tener que practicar mucho para poder caminar con ellas, y mucho más para poder caminar sin ellas, pero pronto lo podré hacer. El doctor me dijo que voy a poder caminar.

Lo primero que hicieron fue contarse cuáles eran sus compañeros de escuela y hablar de los equipos de béisbol.

—Mi mamá me ayuda con los deberes. Deletrear es lo más difícil —dijo Jaime, mientras trataba de alcanzar dos frasquitos tapados que tenía en un escritorio cerca de él. Con mamá jugamos así y eso me ayuda.

Yo escribo todas las palabras que tengo que saber para el mes, en tiritas de papel y las pongo dentro de este frasquito. Mamá me las dice, y las que yo deletreo bien, van dentro del segundo frasquito. Las guardo aquí hasta que tengo todas las del primer frasquito, pasadas al segundo. Luego comienzo con otra lista nueva de palabras.

—Yo también podría jugar a eso —dijo Tomás. Voy a buscar unos frasquitos para mí, y podremos ayudarnos uno al otro a decirnos las palabras.

Casi sin darse cuenta, llegó el momento en que Tomás tuvo que volver a su casa.

—Vendré pronto otra vez —le prometió. Y casi todos los días, se lo podía encontrar a Tomás entretenido con Jaime.

Llegaron las vacaciones de verano y Jaime pudo dejar los soportes y ahora los dos chicos podían jugar en el patio de la casa de Jaime.

Dos veces por semana Tomás jugaba béisbol en el parque con Jorge y otros amigos. Después de eso corría a su casa y luego a la de Jaime, donde jugaban en el patio a coger la pelota.

Una tarde Tomás iba a ir a jugar a la cancha, pero antes pasó a ver a Jaime, quien le dijo:

—¡Qué feliz me sentiré cuando pueda ir a jugar contigo!

Tomás le prometió volver tan pronto como terminaran, a las tres de la tarde, y entonces practicarían para aprender a lanzar la pelota.

Al terminar un maravilloso partido en la cancha, la mamá de Jorge llegó en auto y le dijo a Tomás:

—En el parque de la ciudad va a haber un partido de béisbol en pocos minutos más y tu mamá me dijo que puedes ir con nosotros.

Tomás recordó lo que le había prometido a Jaime y pensó: Después le explicaré a Jaime lo que pasó. Pero la conciencia le decía que él había hecho una promesa y Jaime lo estaría esperando, así que le dijo a la mamá de Jorge.

—Muchas gracias, señora, —otro día iré, y fue a ver a Jaime.

El rostro de Jaime se iluminó.

—¡Llegaste aún antes de lo prometido! Tomás se sintió muy feliz en ese instante y pensó que no lo habría estado si hubiese dejado de lado a Jaime para darse un gusto.

En ese momento llegó el padre de Jaime. Traía una noticia: —Hoy estuve en el centro y fui a ver al doctor de Jaime. El me asegura que podrá jugar béisbol en la próxima primavera, así que, para celebrar la buena noticia, les traje a cada uno un bate y un guante nuevo.

—¡Oh, gracias! ¡Qué lindo! —exclamaron los dos chicos a la vez.

 

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