
Susana estaba tratando de leer todo el Antiguo Testamento, porque en la escuela se estaba realizando un concurso, y ella quería terminar la lectura antes que cualquier otro. Cada día debía informar cuántos versículos o capítulos había leído la noche anterior.
La última noche había estado tan cansada, que leyó apuradísima su capítulo y no se fijó cuantos versículos tenía. Cuando la maestra preguntó, sin fijarse en la Biblia que tenía sobre su pupitre, dijo: "quince". Sintió que la conciencia le molestaba un poquito, y pensó que sería mejor dar un vistazo o ese capítulo.
¡Oh! pero tenía sólo trece versículos. Sería mejor que se lo dijera enseguida a la maestra. Pero, ella ya estaba anunciando la clase de Biblia y ya habían comenzado a hacer los comentarios sobre la lección del día.
Estaban estudiando los mandamientos y lo que significaba cada uno. Al llegar al noveno, cuando Tomás le dijo a la maestra lo que ese mandamiento significaba para él, Susana comenzó a pensar en sí misma, en que no le había dicho la verdad a la maestra, aunque en realidad no había querido mentir. Debía decirle que ella había leído solamente trece versículos aquella noche, y no los quince que había informado. Bajó la cabeza, y le dio brevemente las gracias a Dios por haberle dado la Biblia, la que le ayudaba a saber cuándo cometía un error, y cómo hacer las cosas correctamente.
Programas y ayudas 1990 Primarios