ALGO SUCEDE DENTRO DEL CAJÓN DE ARENA 

- ¿Qué te pasa, Victoria? -la preguntó la mamá al salir al patio- Parece que no estás muy contenta.

-Es que nadie quiere jugar conmigo -contestó Victoria apretando la nariz contra el vidrio de la puerta, hasta que le quedó chata y blanca.

-Vamos a entrar. Ya es casi hora de comer. La mamá abrió la puerta y esperó que Victoria entrara. El pan fresco que estaba en la mesa y que olía muy bien le hizo decir a Victoria:

--¡Mamá, tengo hambre!

-Sí, yo sé. Pero antes de comer vamos a hablar un poco de por qué nadie quiere jugar contigo. La mamá la sentó sobre sus rodillas y comenzaron a hablar.

-Yo vi que Lorena vino a jugar contigo hace un rato y que estaban en el cajón de arena. Pero ¿por qué se fue a su casa llorando?

Victoria bajó la mirada al suelo. -Es qu... e ... ella me quitó el cubo y la pala... y yo le tiré arena. Victoria casi no podía hablar.

-Bueno, otra vez, en vez de tirarse arena, podrían prestarse la palita y el balde, ¿no te parece? Victoria no dijo nada, bajó la cabeza, y siguió mirando fijamente hacia el piso.

-Ahora, antes de comer, vamos a cruzar la calle, le vas a pedir perdón a Lorena y la vas a invitar paro que vuelva a jugar contigo, esta tarde, en la piscina de plástico. ¿Qué te parece?

-Bueno -dijo Victoria.

Después, las dos fueron hasta la casa de Lorena. Victoria tocó el timbre: ring ... ring... Sentía algo raro en el estómago, como que se le revolvía todo.

Lo puerta se abrió un poquito y Lorena la saludó con un poco de temor.

Victoria le dijo: -Per... dóname... porque te tiré arena. ¿Quieres ir esta tarde a mi casa a jugar conmigo en la piscina de plástico?

La carita pecosa de Lorena se transformó en una sonrisa. -Sí, voy a ir.

- ¡Qué lindo! ¡Qué lindo! - Victoria sonrió feliz y salió saltando hasta donde estaba la mamá esperándola.

La mamá le dio la mano, y mientras iban caminando hacia la casa para comer, la felicitó por lo que había hecho.

Victoria ya no sentía nada raro en el estómago; todo había pasado. Después de comer, hizo la siesta, y cuando se levantó encontró que la mamá había llenado su piscina azul, de plástico. Lorena vino al poco rato con su traje de baño, y Victoria se puso el de ella, de color celeste. ¡Cómo se reían y chapoteaban en el agua! También jugaban con la pelota amarilla, tirándosela una a la otra. Al oír todo eso, apareció Beta para jugar con ellas. Ella vivía al lado.

-¡Hola, Beta! -le dijo Victoria y le tiró agua con el baldecito. Lorena le tiró más. Entonces Beta se dio vuelta y se fue. Le habían mojado la ropa.

De pronto Victoria vio que la mamá estaba parada en la puerta del fondo, sacudiendo la cabeza de lado a lado. Entonces recordó que le había prometido que prestaría sus cosas y que se portada bien con sus compañeros de juego.

-¡Basta, Lorena! --dijo Victoria. No le tires más. Beta, ve a tu casa y ponte tu traje de baño, y vuelve a jugar con nosotras.

-¡Volveré enseguida! -les dijo Beta dándose vuelta mientras corría hacia su casa. Enseguida volvió con su bañador rojo.

--¿Con qué queréis jugar, con mis barquitos o con la pelota? -preguntó Victoria.

-Con la pelota --contestó Beta.

La mamá apareció en la puerta del fondo, miro a Victoria y le sonrió. Ella le devolvió una gran sonrisa.

 

Programas y ayudas 1987