
Abraham Lincoln halló gozo y felicidad en su vida mediante la realización de pequeños actos de bondad y honradez:
El presidente Lincoln gobernó a los Estados Unidos en tiempos malos y difíciles.
Aunque estaba siempre ocupado, nunca lo estaba demasiado como para dejar de ayudar a alguien que tuviera problemas. Amaba con tierno afecto a sus hijos y en su corazón tenía lugar para todos los niños, los que a su vez le devolvían su cariño.
Al fin el presidente y el soldado oyeron la voz de un niño que llamaba: 'Soy yo, papá. ¡Abre la puerta!' Cuando el presidente abrió la puerta vio a su hijito preparado para ir a la cama.
Lincoln lo sentó sobre la mesa, tomó su manecita entre las suyas y comenzó a dar golpes suaves con ella sobre la mesa.
-"Te has olvidado cómo debes llamar, ¿no es cierto? -dijo el presidente-. Esta es la forma como debes telegrafiarme cuando desees entrar: tres golpes seguidos y luego dos más suaves”.
Pronto el niño aprendió la señal, besó a su padre y corrió feliz hacia la cama.
¡Nunca demasiado ocupado para ser bondadoso! Este era uno de los motivos por el cual la gente amaba a Abraham Lincoln.
Lincoln colocó el baúl sobre sus hombros y comenzó a andar diciendo a la niña que lo siguiera. Llegaron a tiempo para que la niña pudiera tomar el tren. Sin duda, la pequeña jamás habrá olvidado a ese hombre grande, valiente, noble, nunca demasiado ocupado para ser bondadoso.
Dios está buscando niños y niñas bondados@s y honrad@s, que sean capaces de hacer lo correcto pase lo que pase o piensen los demás lo que sea de ellos. Que defiendan la Verdad aún a costa de su propia vida. Dios te dará para hacer cosas más grandes cada vez, si tú eres honrado, fiel y leal aún en las tareas pequeñas.
El auxiliar de la escuela sabática 1971