TÚ Y YO

El cielo estaba oscureciendo. Negras nubes anunciaban la agonía del Hijo de Dios. Era el momento supremo del sacrifico. Allí, encima de la cruz, estaba muriendo un Dios-Hombre consumido por un amor extraño e incomprensible. A su lado, dos ladrones pagaban el precio de su vida equivocada. Ellos podían haber quedado indiferentes, intentando superar su propio dolor, pero reaccionaron. De manera diferente, pero reaccionaron. Uno para vida y el otro para muerte, pero reaccionaron.

Así son las cosas con Jesús. Tú lo aceptas o lo rechazas, pero no quedas indiferente. Quedarse en el terreno neutral ya es rechazarlo. No se puede huir de las implicaciones de la cruz.

Tú y yo, queramos o no, llegamos un día al pie de la cruz, al momento de la suprema decisión. Y si tu observas bien los extremos de la cruz tocan el cielo y las honduras de la tierra, diciéndote sin palabras que esos son los únicos caminos. Vida o muerte, salvación o perdición. Si no, mira a Pilato lavándose las manos, tratando inútilmente de librarse del peso de la culpa por su indiferencia. Míralo enloquecido, tratando de escapar de las llamas de una conciencia perturbada.

Por eso, aunque tú no lo creas, la historia de la redención está incompleta. El último capítulo está en tus manos. Sólo hay dos caminos: caer postrado y aceptar, o rechazar e iniciar la loca carrera de la vida, sin esperanza, sin horizontes y sin Dios.

¡Piensa en eso!

Alejandro Bullon