Al
leer el relato bíblico de la traición, la pasión y
la crucifixión de Cristo, nos impresiona el hecho de que lo que
ocurrió hace 2.000 años, en un sentido se está repitiendo
actualmente.
Cuando Cristo fue acusado falsamente y llevado ante Pilato, éste tuvo la oportunidad y la facultad de liberar a Jesús, pero sucumbió a las demandas de los dirigentes religiosos y la multitud, y entregó a Jesús para que fuese castigado y muerto. En las profecías mesiánicas de Isaías se nos dice en cuanto al Salvador que habría de venir: "Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos" (Isaías, 53: 3). En la actualidad, la mayoría de las personas sucumben a las demandas de la vida moderna -tan egocéntrica- y no valoran a Jesús suficientemente como para colocarlo en el primer lugar en sus vidas. De ese modo él es crucificado nuevamente.
Cristo sufrió voluntariamente por el hombre. Nos dice de nuevo la escritura: "Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; … por su llaga fuimos nosotros curados" (Isaías, 53: 4, 5). En nuestro mundo actual, tan secularista y materialista, la gente corre el grave peligro de no apreciar el supremo sacrificio de Cristo y su ofrecimiento de salvación.
En la cruz nuestro Señor padeció el clímax de su sufrimiento y dolor. "Como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca… por la rebelión de mi pueblo fue herido" (Isaías, 53: 7, 8). Aún cuando Jesús estaba en la cruz, la multitud se burló de él.
Por su indiferencia, negligencia, negación y oposición directa a la vida y enseñanzas de Jesús, muchas personas despliegan hoy día la misma actitud que las masas manifestaron en ocasión del rechazo y la crucifixión de Cristo. Tristemente, algunos de los que más reclamaron la muerte de Jesús habían recibido bendición o sanamiento de sus manos. No despreciemos hoy tampoco el gran amor de Cristo, su vida, su sufrimiento y su muerte en nuestro favor.