EL CENTURIÓN:
FE Y SALVACIÓN

Hace poco nos llamó la operadora de la línea de emergencia 911 y desconfió de nosotros cuando le dijimos que no había ningún problema en casa. Nosotros nunca marcamos el 911, pero ella insistía en que sí habíamos llamado, y a la 1 a.m. llegaron dos policías para verificar si decíamos la verdad. Mi esposa ya estaba dormida, pero ellos quisieron escucha de sus propios labios que todo estaba bien. Finalmente creyeron.

Se ha perdido la confianza entre los policías y los ciudadanos, entre padres e hijos, entre esposos, entre trabajadores y jefes; se desconfía de todo y de todos. Por causa de esta desconfianza, a veces luchamos solos en la vida, nos frustramos y llegamos a la conclusión de que no hay solución para nuestros problemas, que ni siquiera Dios nos escucha. ¿Cómo podemos librarnos de esta desconfianza hacia Dios? ¿Cómo podemos creer en fe?

El desarrollo de la fe que salva no requiere necesariamente de mucho tiempo. En el Calvario, mas de una persona tuvo la oportunidad de cambiar su opinión acerca de Jesús y de ejercer una nueva fe en él en el transcurso de apenas unas pocas horas. El centurión romano fue uno de éstos. Aunque muchos del pueblo e incluso los que seguían a Jesús desconfiaron de él, el centurión contempló a Jesús y lo que vio le hizo creer en él como el Salvador del mundo. Fue su nueva fe lo que le impulsó a decir: "Verdaderamente éste era el Hijo de Dios" (Mateo, 27: 54).

El centurión era el oficial al cargo de que se cumpliese la orden de la crucifixión y de evitar y controlar cualquier disturbio en la multitud de espectadores. Tal vez observó a Jesús cargando la pesada cruz en la Vía Dolorosa y vio cuando sus propios soldados martillaban los clavos que traspasaron las manos y pies del Señor. Quizá sintió tristeza por lo que veía y por la misericordia y verdad expresadas en el rostro del Divino Sufriente. El hecho es que quedó impresionado con el porte y las palabras del Salvador moribundo. Notó su humildad, su disposición a perdonar a sus enemigos, su paciencia y su clamor de victoria proclamado justo antes de morir, "consumado es" (Juan, 19: 30). Su fe creció a raíz de contemplar al Hijo de Dios y sus palabras fueron una evidencia de que la obra redentora de Jesús no sería en vano.

La muerte expiatoria de Cristo proporciona la base para la salvación de la humanidad (Colosenses, 1: 20), pero la fe es la condición para esta salvación. No podemos tener salvación sin el salvador. No podemos obtener el don de la vida sin el Dador de ese don. La vida eterna no es un regalo de Jesús para nosotros, sino que Jesús mismo es el regalo.

Jorge Soria