¿Cómo se guardaba la entrada al Paraíso?
“Dios echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino al árbol de la vida”. (Génesis, 3: 24)
Adán y Eva y su posteridad perdieron el derecho al árbol de la vida a causa de su desobediencia... Adán y Eva transgredieron la ley de Dios. Esto hizo necesario que fueran alejados del Edén y separados del árbol de la vida, pues comer de él después de su trasgresión, perpetuaría el pecado... El hombre dependía del árbol de la vida para la inmortalidad, y el Señor tomó estas precauciones para que los hombres no comieran de ese árbol y vivieran para siempre, llegando a ser pecadores inmortales. (“Testimonios para los ministros” cáp. 4).
No es claro el origen del sustantivo "querubín", pero la palabra querubín está probablemente relacionada con la palabra asiria karábu, "bendecir" u "orar". La Biblia presenta a los querubines como pertenecientes a la clase de seres que llamamos ángeles, especialmente los que están cerca de Dios y de su trono (Ezequiel 9: 3; 10: 4; Sal. 99: 1)... Una remembranza de seres celestiales que custodian el camino al árbol de la vida quizá se ha conservado en la antigua epopeya mesopotámica de Gilgamés, quien salió en procura de la "hierba de la vida", o inmortalidad. Del lugar donde había de encontrarse la "hierba de la vida", la epopeya informa que "hombres como escorpiones vigilan su portón, cuyo terror es terrible, el contemplarlos es muerte; su pavorosa gloria derriba montañas". Los palacios asirios eran custodiados por grandes colosos alados llamados káribu, medio toros y medio hombres, tal vez una adulteración pagana del registro de los guardianes del paraíso instituidos por Dios, En los templos egipcios se encuentran numerosas representaciones de querubines, criaturas similares a seres humanos, con sus alas extendidas para proteger el sagrario de la deidad.
La luz siempre ha sido un símbolo de la presencia divina.Como tal, la Shekinah, gloria de Dios, aparecía entre los dos querubines, uno a cada lado del propiciatorio que cubría el arca del pacto en el lugar santísimo (ver Éxodo. 25: 22; Isa. 37: 16; Deseado de Todas las Gentes 429; Patriarcas y Profetas 360; Conflicto de los Siglos 26). La frase "una espada encendida" es más bien una traducción inexacta del hebreo que dice literalmente "un fulgor de la espada". No había ninguna espada literal que guardara el portón del paraíso. Más bien había lo que parecía ser el centelleante reflejo de luz de una espada "que se revolvía por todos lados" con gran rapidez, haciendo refulgir dardos de luz que irradiaban de un centro intensamente brillante. Además la forma del verbo hebreo, mithhappéketh, traducido en la VVR "se revolvía por todos lados", significa en realidad "dándose vuelta a todos lados". Esta forma verbal se usa exclusivamente para expresar una acción reflexiva intensa y, en este caso, necesariamente significa que la "espada" parecía girar sola sobre sí misma. Esta radiante luz viviente no era sino la gloria de la Shekinah, la manifestación de la presencia divina. Ante ella, durante siglos, los leales a Dios se reunían para adorarle (Patriarcas y Profetas 46, 69-71). (Comentario Bíblico Adventista, Tomo I, sobre Génesis 3)