¿En qué consistió la maldición de la mujer?
“A la mujer le dijo: ‘Multiplicaré en gran manera los dolores de tus embarazos. Con dolor tendrás tus hijos. Ansiarás a tu esposo, y él te dominará’". (Génesis, 3: 16)
Tenemos dos resultados penosos del pecado para la mujer (no son maldiciones): dolor al dar en la gestación y parto; y una posición de inferioridad con respecto al hombre.
En el primer caso queda implícita la idea de que anteriormente el embarazo y el parto no suponían dolor para la mujer. Eva debía saberlo por propia experiencia (¿tuvo hijos antes del pecado?) o al ver lo que ocurría con otras especies que tampoco sufrían dolor al parir. Este resultado, aunque el texto no lo dice explícitamente, se transmitió a todas las especies animales.
“La mujer había quebrantado su relación con el hombre, divinamente señalada. En vez de ser una ‘ayuda idónea’ para él, se había convertido en su seductora. Por eso perdió su condición de igualdad con el hombre; él iba a ‘enseñorearse’ de ella como señor y amo. En las Escrituras, se describe a una esposa como que es ‘poseída’ por su señor. Entre la mayoría de los pueblos que no son cristianos, la mujer ha estado sometida, a través de los siglos, a la degradación y a una esclavitud virtual. Sin embargo, entre los hebreos la condición de la mujer era de una clara subordinación aunque no de opresión ni esclavitud. El cristianismo ha colocado a la mujer en la misma plataforma que el hombre en lo que atañe a las bendiciones del Evangelio (Gálatas. 3: 28). Aunque el esposo debe ser la cabeza del hogar, los principios cristianos llevarán al hombre y a su esposa a experimentar un verdadero compañerismo, donde cada uno está tan consagrado a la felicidad y bienestar del otro, que nunca ocurre que cualquiera de ellos trate de ‘enseñorearse’ del otro (ver Col. 3: 18, 19). (Comentario Bíblico Adventista, Tomo I, sobre Génesis, 3: 16)
Antes del pecado, Adán y Eva gozaban de una igualdad completa que será restaurada definitivamente por la Redención.