UNA ESPERANZA QUE LLENA DE GOZO

TREMENDA es la crisis por la que atraviesa el mundo. El hombre afronta problemas políticos, económicos y morales que superan sus fuerzas y recursos. Sin embargo, las Sagradas Escrituras nos presentan una esperanza luminosa: muy pronto Jesucristo regresará a esta tierra y establecerá un nuevo orden de cosas, de perfecta felicidad y bienestar.

¿Tiene esta esperanza algún fundamento?

Si. Las profecías bíblicas que ya se han cumplido constituyen una garantía segura de que también se cumplirá el anuncio más impresionante de todos, a saber, que Jesús volverá a este mundo en forma gloriosa.

Consideremos una de esas profecías, la que anticipó el trágico destino de Jerusalén y del pueblo judío allá en el siglo 1 de nuestra era. Más de treinta años antes de los hechos, Cristo declaró: "Cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan" (S. Lucas 21: 20-24).

¿Se cumplió esta profecía? ¿Tuvieron en cuenta los creyentes la solemne advertencia del Señor Jesús?

El historiador judío Flavio Josefo comenta que no había cristianos en Jerusalén cuando Tito destruyó la ciudad y el santuario en el año 70 DC. Los discípulos de Cristo estuvieron atentos a las indicaciones del Maestro y huyeron de Jerusalén cuando se cumplió la señal, en ocasión del ataque del general romano Cestio Galo, quien rodeó la ciudad que ya estaba a punto de rendirse, pero por causas desconocidas abandonó el sitio de una manera inesperada a pesar de que todo estaba a su favor. Sin embargo, ésta era la señal indicada por Jesús, y los cristianos obedecieron saliendo de Jerusalén, lo que les permitió salvarse de una muerte segura.

La matanza ocurrida en esa guerra y el hambre que sufrió el pueblo hebreo fueron terribles, ya que sólo pueden compararse con los sufrimientos de esta misma nación durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Hitler procuró exterminar la raza judía.

La destrucción de Jerusalén es una figura de la destrucción del mundo y de los juicios que caerán sobre la tierra en ocasión de la segunda venida de Cristo.

¿Nos instruyen las Escrituras en cuanto a la cercanía de ese tremendo acontecimiento?

Sí. En ese mismo sermón profético, Jesucristo mencionó las señales que precederían a su regreso. El dijo que habría "en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas" (S. Lucas 21: 25, 26).

El Señor agregó que en vísperas de su retorno habría guerras, terremotos, crímenes y violencia tales como los hubo en los días de Noé, y que la inmoralidad alcanzaría sus más bajos niveles (véase San Mateo 24: 6, 7, 37-39). Debemos reconocer que esas condiciones son las que prevalecen actualmente: nunca como hoy existe tanta inseguridad política entre las naciones, nunca como hoy hay tanta inmoralidad y tantas aberraciones, al grado que hasta se haya ordenado como ministro religioso a un homosexual por una denominación en decadencia, por citar sólo un ejemplo. Si echamos un vistazo a los diferentes aspectos de la vida actual, nos daremos cuenta que las señales del regreso de Cristo predichas en la Biblia se están cumpliendo rápidamente ante nuestros ojos.

Cómo y para qué volverá Jesús

Cuando Cristo vino por primera vez, no fue reconocido por los judíos porque ellos esperaban a un libertador político que los librara del odiado yugo romano, y no a un Mesías que redimiera a la nación de sus pecados, tal como lo enseñaban las profecías del Antiguo Testamento, junto con los símbolos y los sacrificios del santuario.

Así como los judíos confundieron los hechos en cuanto a las profecías sobre la llegada del Mesías, muchos cristianos de nuestro tiempo ya no esperan el regreso glorioso del Señor, o bien piensan que su venida es un asunto espiritual que ocurre cuando sobreviene la muerte, o que tiene que ver con algún tipo de éxtasis espiritual. Sin embargo, la Escritura es clara; Cristo dijo enfáticamente: "Vendré otra vez" (S. Juan 14: 3) , y cuando ascendió a los cielos, los ángeles con firmaron esta promesa diciendo: "Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo" (Hechos 1: 11)

La Biblia declara en infinidad de textos que Cristo volverá en una nube gloriosa con todos sus santos ángeles y que éste será un hecho real y visible. "Como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre" (S. Mateo 24: 27). "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloría, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria" (S. Mateo 25: 31). Es verdad que su venida será como la de un ladrón en la noche, es decir, en una hora inesperada, pero nunca se la debe entender como invisible, o como un acto meramente espiritual, sino como un hecho real. El salmista declara: "Vendrá nuestro Dios, y no callará; fuego consumirá delante de él, y tempestad poderosa le rodeará" (Salmo 50: 3). El apóstol San Juan agrega: "He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá" (Apocalipsis 1: 7). ¡Qué escena impresinante, de indescriptible gloria y majestad!

Cristo vuelve "para recompensar a cada uno según sea su obra" (Apocalipsis 22: 12); vuelve también "para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo" (2 Tesalonicenses 1: 8). Vuelve para dar vida a los que duermen en los sepulcros esperando su potente voz; vuelve para traer gozo y paz a los corazones enlutados, y para proporcionar la verdadera dicha y felicidad a los redimidos por su sangre.

Valor y beneficio de esta esperanza

La certeza de que Cristo vendrá pronto para terminar con la injusticia, el dolor y la muerte, es algo que llena de confianza y valor para afrontar los problemas de cada día.

Cuando finalmente el Señor aparezca en las nubes de los cielos, los justos dirán: "He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación" (Isaías 25: 9). Glorioso será el encuentro con el Señor: "Los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor" (1 Tesalonicenses 4: 16, 17).

Nuestros amados que duermen en el sepulcro volverán a la vida por el poder de Dios. Nunca más morirán, pues la Escritura declara: "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron" (Apocalipsis 21: 4). Jesucristo establecerá un mundo nuevo, de perfecta y eterna felicidad.

Cómo estar listos para recibir a Jesús

Ante tan glorioso acontecimiento, el ser humano se pregunta: ¿Cómo puedo estar listo para encontrar me con el Señor en su venida? La respuesta es sencilla, y se encuentra en la Biblia: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa" (Hechos 16: 31).

Rindámosle nuestra voluntad y nuestros afectos al Señor Jesús y permitamos que él guíe nuestras vidas. De esta manera, y mediante el estudio diario de su Santa Palabra, la oración y la asistencia a la iglesia que predica con poder el advenimiento del Señor, podremos estar cabalmente preparados para el gran día.

Así como el sitio de Jerusalén por parte de los antiguos ejércitos romanos fue la señal que indicaba el fin de la ciudad, de la misma manera los portentosos hechos que suceden cada día nos señalan que el fin del mundo está a las puertas, y que la venida del Señor ocurrirá muy pronto. Sea nuestra plegaria constante la del apóstol Juan, que dijo: "Ven, Señor Jesús".

XAVIER SOTO VALLE