LOS TICS NERVIOSOS

Los tics nerviosos son movimientos involuntarios y repetitivos y se cuentan entre los desahogos de tensión más molestos. Estos movimientos suelen ser normales a ciertas edades y en algunos niños. De tal suerte, el chuparse el dedo durante el primer año, los resoplidos nasales a los cinco, el carraspeo a los seis, el pestañeo y las contorsiones del cuerpo a los siete, las muecas faciales a los ocho y el hacerse crujir las articulaciones de todos los dedos a los doce, pueden ser indicios "normales" y pasajeros de la liberación de tensión nerviosa en los niños.

Los tics o movimientos automáticos intensos denuncian una situación ambiental tensa y perturbadora. De nada servirá reprender o castigar a un niño para que no repita el tic si no se eliminan las fuentes de irritación. Es necesario descubrir y atacar los motivos de angustia y tensión tanto del hogar como de la escuela.

Muchas veces la atmósfera densa y perfeccionista que impera en el hogar (continua o temporalmente) hace que el niño se sienta culpable de los problemas que agitan a su familia o incapaz de satisfacer las exigencias disciplinarias de sus padres, y descarge su propia tensión (o se autoagreda inconscientemente) mediante los tics.

Uno de los tics más comunes de todas las edades es la onicofagia, o sea, el hábito de comerse las uñas. Lo peor es que una vez que el hábito se ha instalado, las uñas se tornas asperas, disparejas e irritadas, lo que invita a morderlas nuevamente, sin poder controlarse.

¿Cómo ayudar al niño para que supere sus tics, o mejor aún para que no los adquiera? En primer lugar, no lo censure, pues así le daría un motivo más de tensión. Luego, analice objetivamente su actitud y la de toda la constelación familiar. Evite las discusiones. Pierda la manía de limpieza (solo la "manía" ¿eh?). No comente sus temores delante del niño; no le presente un futuro incierto, no sea perfeccionista (al menos con él) ni supersticioso. Domine su temperamento imperialista y sobreprotector. Investigue qué circunstancias rodean al niño en la escuela y hable con la maestra para que le evite tensiones innecesarias. Deje que el niño exprese sus emociones, no lo anule, no lo críe dependiente ni autómata. Respételo y sobre todo... destierre sus propios tics nerviosos. Alabe al pequeño por sus logros, felicítelo por sus aciertos, dele la seguridad de que lo ama y de que él es alguien de gran valor para Ud. y su familia.

Mónica Casarramona

Profesora de Filosofía y Pedagogía con especialización en Psicopedagogía y Administración Educacional, y redactora de la revista "Vida Feliz"