EL NIÑO INDISCRETO
Después de una discusión y ocho dias de silencio telefónico, Cristina, su amiga del alma, viene a visitarla. Cuando su pequeña Melisa, de cinco años, entra de improviso y las encuentra en un animado diálogo...
-¡Pero, cómo! -desorientada-. ¿Ahora la quieres? Si le dijiste a papá que era una chismosa y que no la dejarías entrar más en casa...
La animada conversación y la sonrisa de su amiga sufren un congelamiento total: culposas y entrecortadas explicaciones, réplicas de Melisa, la retirada de su amiga ofendida. Claro, Cristina no tiene chicos. Eso hace que esta situación sea aún más molesta para usted y para ella.
Los niños son indiscretos por naturaleza. Hasta los cinco o seis años no perciben todavía el "doble mundo" que los rodea y proclaman a voz en cuello sus "propias verdades", desenmascarando a los padres ante quienes "no corresponde". Tras varios papelones en su haber, usted se habrá preguntado si existe alguna forma de acallar el indiscreto. Los niños son tan auténticos como crueles. Quieren saber y ejercer el derecho de preguntar, y no comprender por qué a veces no pueden hacerlo.
Con cada indiscreción, el niño aprenderá que hay ciertas normas que deben ser respetadas, que hay preguntas i opiniones que "están fuera de lugar". Las miradas desaprobadoras, los ceños fruncidos, le enseñarán má que mil palabras. Todo niño deberá necesariamente recorrer este camino.
Pero, a veces, las reacciones infantiles son una radiografía de lo que sucede en el hogar. Si un niño revela intimidades es porque primero tuvo acceso a ellas. La vida privada de los padres debe tener un espacio exclusivo, a buen ressguardo de las intrusiones infantiles. Hay padres que discuten cualquier tema delante de los hijos pequeños.
Es sabido que un niño no entiende todo lo que escucha. El peligro está en lo que él interpreta mal o distorsiona, por unir lo poco que entiende con el producto de su imaginación. En determinados momentos, evitarle una conversación no es excluirlo sino preservarlo.
Por otro lado, cuando el chico está frente a un amiguito u otros adultos, ¿Usted los informa de ciertos detalles vergonzosos para él ("humedad" en la cama, miedo a la oscuridad, desobediencia)? La intimidad del niño también debe ser respetada.
Ante la indiscreción reaccione con calma y firmeza. Ordene serenamente al niño que se calle con la promesa de una explicación posterior. No dé excesiva importancia a las palabras del chico. Evite el secreto pellizco o el furtivo puntapie, y sobre todo, nunca diga frente al niño algo de lo cual tenga que avergonzarse.
Mónica Casarramona