DIEZ MANERAS DE LOGRAR HIJOS MAGNÍFICOS
ESTOY cansada de oír que se culpa a los padres por todos 105 jóvenes que andan mal", se quejaba una mujer junto al mostrador de un supermercado. Su comentario me hizo recordar a todos los jovencitos magníficos con los que me he encontrado en más de veinte años de enseñanza. ¿En qué actuaron bien sus padres?
Me acuerdo de Laurita, de séptimo grado, quien, mientras su hermano jugaba al fútbol, permanecía en la escuela un par de horas extra después de clases sólo para que su madre no tuviera que hacer dos viajes para recogerlos. Y allí estaba Esteban, de cuarto año de secundaria, que me confió un lunes de mañana que, a pesar de las burlas de sus amigos, él había abandonado la fiesta del sábado de noche cuando algunas parejas comenzaban a dirigirse a los dormitorios de la casa.
Catalina, de segundo año de escuela secundaria, también viene a mi mente. Cuando cualquier chica de su aula faltaba por enfermedad por más de un par de días, ella la llamaba sólo para decirle: "Roía, te extrañamos".
Jóvenes magníficos, ¿verdad? Ninguno de ellos obtenía la nota máxima en todas sus asignaturas, pero sin duda estaban bien encaminados para llegar a ser adultos maduros.
Ciertamente los jóvenes están sujetos a influencias fuera de sus hogares, tanto negativas como positivas. La investigación, no obstante, sigue confirmando que los padres ejercen la influencia más perdurable en sus hijos. Veamos algunas maneras en que los padres pueden aumentar sus posibilidades de lograr hijos magníficos:
1.- Ámelos. Eso es demasiado obvio, dirá
usted. ¿Lo es, sin embargo? Muchísimos jóvenes no piensan
así. Sentir que no son amados es la razón número uno que
aducen los adolescentes para escaparse del hogar, intentar
suicidarse, enredarse con el alcohol, las drogas y los embarazos.
Claro, muchas veces no entienden correctamente nuestros mensajes.
Pueden ignorar sus propias deficiencias y culpar de ellas a sus
padres. Esa es la vía de escape más fácil. Pero en los hogares
donde se hacen esfuerzos consecuentes para mostrar amor, los
jóvenes son menos propensos a tomar ese "camino
fácil". Se sienten seguros y exhiben una confianza más
profunda en sus padres y, como resultado, en ellos mismos. Amar
no es consentir. Es el abrazo, la sonrisa, el regalito sin
ninguna razón especial. Esos son los actos que dan a los
jóvenes el apoyo que los sostendrá a través de la vida.
Carlos, una estrella de
fútbol en el último colegio secundario donde enseñé, lo
expresó bien:
"Es grandioso cuando termina un partido y mi padre me da un fuerte abrazo aun cuando haya jugado mal. Solía incomodarme, pero ahora si él no hiciera eso, realmente me sentiría defraudado".
2.- Ayúdelos a fortalecer su estima propia. Eso es lo que usted realmente está haciendo cuando le dice, de alguna manera: "Te amo". Sin sentimientos positivos respecto de si mismos, los chicos no pueden crecer mucho académica, social o personalmente.
Los de primer grado de la escuela primaria, tanto como los del último año de la secundaria, y los de todas las etapas intermedias, necesitan sentir que son personas valiosas. Si sus hijos sienten que usted piensa que ellos no pueden hacer nada correctamente, harán precisamente eso: nada. Con una elevada estima propia, realizarán maravillas.
El año pasado Karina, una alumna de capacidad promedio, recibió dos becas escolares por sus magníficas calificaciones. Cuando se le preguntó por el secreto de su éxito, contestó directamente: "Cuando aún era muy pequeña, mamá y papá decían cosas como: 'Estamos realmente orgullosos de ti'. Por causa de su confianza, me figuré que no había cosa alguna que yo no pudiera hacer".
3.- Motívelos. Ese viejo cliché: "Nada tiene tanto éxito como el éxito mismo", lo dice todo. Los niños que son estimulados a hacer lo mejor de su parte, que reciben apoyo para aventurarse en territorio desconocido, que aprenden a considerar los errores como oportunidades para crecer, tienen éxito.
No obstante, es importante ser realista. Anímelos a fijarse metas equivalentes a los talentos de ellos, no a los sueños de usted. Ambos no siempre coinciden. Algunas palabras que pueden animar a cualquier joven son: "Bueno, ¿por qué no lo intentas y ves qué pasa?" "Felicitaciones, yo sabía que podrías hacerlo".
4.- Escúchelos. Aparte unos minutos cada día para estar con cada uno de sus hijos. A la hora del almuerzo dele a cada uno la oportunidad de ser escuchado. Tenga un tiempo especial para escuchar en el que no se permita televisión, ni conversaciones telefónicas, ni lectura de diarios, solamente escucharse el uno al otro. ¡Los sociólogos nos dicen que hoy en día el padre promedio escucha a su hijo únicamente quince minutos por semana!
Escuchar de manera
total, sin juzgar, y con comprensión, puede ser el mejor regalo
de amor que usted puede dar a su hijo.
Javier, un amigo mío de
tercer grado, lo expresó de esta manera: "Muchos maestros
hacen preguntas, pero la señora González. . . ella
escucha".
5.- Espere respeto. En su libro Reaching Out: The Three Movements of Spiritual Lifr (Extendiéndonos: los tres movimientos de la vida espiritual), Henri J. M. Nouwen tiene una intrigante sugerencia para los padres: "Traten a sus hijos como si fueran visitas en su hogar". Nunca insultaríamos a un visitante a sabiendas, ni esperaríamos lo inverso. La falta de respeto a los padres o hermanos no debería existir en ningún hogar amante. Es saludable para los chicos saber que los padres tienen derecho a algo de su propio tiempo y espacio. Pero, ¿ustedes como padres les muestran siempre respeto? Hay mucha verdad en el aforismo: "La conducta se capta, no se enseña".
6.- Limítelos. Esto debería ser tan obvio como amarlos, pero algunos psicólogos y nuestros propios sentimientos de culpa a veces nos llevan a errar en este punto. Los hijos necesitan conocer las líneas de infracción y cuáles son las metas. Vez tras vez los niños confiesan que quieren que los padres les establezcan limites. Ven en ello preocupación e interés. Les proporciona una sensación de seguridad mientras experimentan con una variedad de valores y estilos de vida. Muchos alumnos me han dicho: "Es mucho más fácil zafarse de una situación con los amigos quejándose: 'Mis padres no me dejan', que admitir: 'Yo no quiero' ".
7.- Haga que Dios sea una parte de sus vidas. La oración antes de las comidas. La asistencia a la iglesia como familia. Recordativos incidentales del continuo amor de Dios. Todos éstos son modos de asegurar a los niños que los principios rectores de la vida van mucho más allá que la regla de oro. Gradualmente llegarán a sentir que las creencias de ustedes están arraigadas en antiguas costumbres que funcionan todavía hoy. Con ese fundamento hay una mejor posibilidad de que si más tarde se extravían, finalmente retornarán al amor y la conducción de Dios.
Esteban, a quien mencioné al comienzo de este artículo como el joven que abandonó la fiesta, es un buen ejemplo. Al contarme ese incidente, dijo: "Recuerdo que mi papá nos explicó a mi hermano y a mi, un par de años atrás, que el sexo no era un juego de salón sino un don de Dios para ser compartido con alguien especial. En ese momento nosotros ni siquiera sabíamos de qué estaba hablando, pero sus palabras me volvieron a la mente esa noche en la fiesta".
8.- Desarrolle un verdadero deseo
de aprender. El
resto de la década de los 80 y los años subsiguientes van a
reclamar una constante renovación de aptitudes y conocimientos.
Los futuristas dicen que la mayoría de la gente cambiará de
carrera cada cinco a siete años, y cada cambio requerirá
conocimientos y técnicas nuevas.
¿Cómo podemos preparar a
nuestros hijos para un mundo extraño para nosotros? Desarrolle
una saludable curiosidad. Nutra su creatividad. Ayúdelos a ser
perseverantes y consecuentes en sus hábitos de estudio y
trabajo.
9.- Ayúdelos a tener una mente orientada hacia la comunidad. Los chicos en proceso de maduración tienen que ordenar un sinnúmero de piezas en sus vidas y fácilmente pueden perder de vista el hecho de que son parte de un mundo más grande. Muchos de ellos, en su idealismo, muestran interés en los demás. Si podemos nutrir ese interés, avanzaremos mucho hacia la meta de conseguir más adultos "plenos", que devuelven más de lo que reciben.
Muchos de estos jovencitos más maduros que he conocido están activos en tareas de aconsejamiento de drogadictos, de apoyo a chicos menos capacitados, de recolección de alimentos y ropa para países menos privilegiados. Sorprendentemente, eso refuerza su confianza propia. Como lo dijo Cintia, de 17 años: "Hasta que comencé a actuar como tutora de dos jovencitos, pensaba que yo no valía nada".
10.- Suéltelos. Los padres que encuentran muy fácil amar a sus hijos, pueden hallar muy difícil soltarlos. Siempre ha sido difícil para los padres observar que su prole se pelaba las rodillas, sufre sentimientos heridos por el rechazo de un amigo o se olvida su parte en una representación escénica. Nuestro amor puede muy fácilmente interponerse en el camino de las importantes lecciones que deben aprenderse al habérselas con las cuestiones de la vida diaria. La confianza en sí mismo, la independencia y la aceptación de res-ponsabilidades son rasgos importantes que debemos infundir en nuestros hijos.
Nuestros tres niños, ahora todos jóvenes adultos, escribieron las oraciones litúrgicas para que los presentes las repitieran en nuestras bodas de plata el año pasado. El orgullo brilló a través de nuestras lágrimas cuando leyeron: "Por nuestros padres, que siempre nos permitieron ser nosotros mismos, oremos al Señor". Hasta que tengan sus propios chicos, no comprenderán cuán difícil es lograr esto.
¿Irrazonable, imposible, abrumador? No, en absoluto. ¿Difícil, frustrante, desafiante? Así es. Dé otra mirada a la lista anterior. Lo más probable es que usted ya está cumpliendo con varios puntos. Comparta la lista con sus hijos y observe su reacción. ¿Diez son demasiado? Entonces trate de aplicar la versión resumida:
1. Ámelos.
2. Limítelos.
3. Déjelos ser.
Eso puede no ser un castellano sobresaliente, pero puede traducirse en hijos magníficos. ¡Los suyos!