CÓMO LOGRAR QUE LOS HIJOS AYUDEN EN EL HOGAR

La mamá llega de una intensa jornada de trabajo, agitada, cansada, y con el único deseo de darse un baño de agua tibia y descansar un rato. Busca en su cartera las llaves de la puerta de entrada, y luego de unos breves instantes se encuentra cruzando el umbral de la puerta. "¡Por fin! —se dice a sí misma—. ¡Fue un día agotador!. Comienza a caminar en dirección a su dormitorio y deja su cartera y libros sobre la mesa del comedor. Poco a poco su felicidad se va turbando, a medida que recorre con la vista el desorden de su hogar. El cuarto de Felipe está revuelto: ropa por todos lados, un soldador sobre el escritorio, mezcla de cables y perillas. El cuarto de Graciela está en las mismas condiciones: cepillos y peines, hebillas y libros, cuadernos y lápices.

No termina de salir de su asombro cuando la sorprenden sus dos hijos, que llegan del colegio. . . y la saludan despreocupados.

—¡Hola, mamá!, ¿cómo estás?

—¿Qué sucedió que no arreglaron sus cuartos antes de salir al colegio, como les habla ordenado?

—¡Ufa, mamá! Salimos apurados y no teníamos tiempo —responde Graciela.

—Eso les toca a las mujeres. Yo ahora me cambio. Tengo que ir a jugar al fútbol —añade Felipe.

Tal vez sienta que esta escena le resulta tristemente familiar. Compartirá algunas sugerencias de cómo lograr que nuestros hijos participen en las tareas del hogar.

Comunicación abierta

Muy habitualmente solemos descuidar la comunicación con nuestros hijos. El agitado andar de la vida parece que no nos permite detenernos a escuchar lo que les pasa, y no nos damos cuenta de que ésta es la causa de muchas conductas que luego queremos modificar.

Cuando un niño de 5 años le muestra a su papá un dibujo, significa que quiere establecer un vínculo de comunicación con él, y espera una respuesta inmediata, interesada y pensada. Y a veces resolvemos el momento diciéndole distraídamente: “Muy lindo. ¿Por qué no haces otro para la abuelita?”.

Esa comunicación, a la que muchas veces le restamos importancia, es la que necesitamos fomentar para recibir la confianza y confidencia del niño cuando entre en la adolescencia. Cuando ese niño crece, las exigencias de la comunicación cambian; entonces serán los padres los que quieran preguntar: “¿Qué hiciste hoy?”, Seguramente la respuesta no se dejará esperar: “No tengo nada para decirles, ustedes nunca tuvieron tiempo para escucharme”.

Dediquemos tiempo a nuestros hijos, mantengamos un diálogo abierto en forma permanente. Seamos buenos oyentes, pacientes y comprensivos, y obtendremos un canal abierto d! comunicación que nos permitirá lograr en ellos respuestas positivas y conductas solidarias.

Conversemos con ellos sobre temas que atañen a la familia, dándoles participación en la planificación de las actividades del hogar. Que ellos se sientan parte de las resoluciones que se toman. Si mamá y papá deben trabajar, y Graciela y Felipe estudiar, entonces, ¿quién mantiene el orden en la casa? Que ellos mismos formulen respuestas a este interrogante y busquen soluciones, para que las órdenes no se tengan que imponer por la violencia del autoritarismo sino por el compromiso que engendra la solidaridad. Es necesario que los niños aprendan que construir un hogar es una empresa común, de todos.

Conocerlos mejor

Los niños responden mejor a quienes los conocen. Cuántas veces desconocemos los temores y debilidades de nuestros hijos, así como sus virtudes y dones. La mejor manera de comprenderlos es dedicarles tiempo para escuchar lo que tienen que decimos y a estar con ellos. Esto no significa estar juntos mirando televisión, o simplemente cenando o almorzando. Nuestra sugerencia va mucho más allá. Significa entablar diálogos frecuentes donde podamos escuchar anécdotas, chistes o cuentos que ellos inventen. De todo esto iremos extractando la personalidad de cada uno de nuestros hijos, y eso nos permitirá ir descubriéndolos. Seamos hábiles para saber escuchar sus travesuras sin regañarlos y retarlos constantemente. Si sabemos escuchar, comprenderemos el por qué y el para qué de sus acciones.

Cierto día, Andrés fue enviado por su mamá a comprar carne al supermercado. Pero él se negó rotundamente a hacerlo, y cuando vino su padre por la noche, la madre contó el episodio. . . Andrés fue castigado. Los padres, sumamente ocupados, no se detuvieron en el episodio, y no le dieron más importancia que la del castigo. Después de mucho tiempo, y alertados por la maestra del colegio que había charlado con el niño, se dieron cuenta de que Andrés tenía miedo de enfrentarse a ese tipo de situaciones, y prefería el castigo a tener que superarlas.

Dado que, como decíamos, los niños responden mejor a aquellos a quienes conocen, aprendamos a escucharlos para poder comprender el trasfondo de sus reacciones.

Asignar responsabilidades

Desde muy temprano podemos• comenzar a asignar responsabilidades pequeñas a los niños, que puedan ser hechas por ellos solos con total independencia de los padres; Uno de los objetivos que los planes• de educación persiguen en el niño preescolar, de 4 y 5 años, es alimentar su autonomía y afianzar la confianza en sí mismo. Una de las actividades para alcanzar esta meta es distribuir tareas que sean cumplidas por los niños en forma individual. Por ejemplo, que Federico, de 5 años, sea encargado de colocar las servilletas y el pan en la mesa todos los días. Que Gisella, de 4 años, sea encargada de guardar los juguetes toda vez que sean usados. Que Verónica, de 6 años, se ocupe de regar las plantas del balcón. Como padres, debemos exigir que lo encomendado se cumpla, y estimular la buena realización de las tareas. Podemos usar varios métodos. Permítame que le sugiera das de ellos:

A algunos padres les ha resultado positivo establecer ciertos premios, que actuarán de estímulo. Por ejemplo, entregarle al niño, al finalizar la tarea, un pago en dinero. No interesa tanto la cantidad, sino cumplir la promesa cada vez que el niño haya realizado la acción encomendada. El pago debe entregarse sólo cuando él terminó su tarea. Esto nos da la oportunidad de introducir al niño en el mundo de las finanzas, para que comience a aprender a ahorrar y ayudar a otros. Así como educamos a nuestros hijos a lavarse las manos antes de comer, a cepillarse los dientes antes de dormir, también podemos enseñarles a dar ofrendas en la iglesia o animarlos a que ayuden a otros niños más pobres.

Algunas personas tienen objeciones respecto del sistema de dar recompensa monetaria a los niños. Dicen que esto puede robarles la satisfacción y el verdadero sentido de la cooperación y de la responsabilidad. Opinan que los puede convertir en “interesados”. Es bueno, entonces, dejar bien claro en ellos la idea de que no van a “cobrar” por cada ayuda que presten en el hogar. Deben entender que es el deber de todos cooperar para el buen funcionamiento del orden familiar. Si aprenden esto, seguramente tomarán los premios como una muestra de aprecio por el esfuerzo de algo bien hecho. Sin duda, usted sabrá el modo de aplicar este sistema en relación con sus hijos para que tenga resultados positivos.

También podemos estimularlos con un paseo o con la visita de un amiguito a casa. No son premios materiales, pero igualmente producirán mucha satisfacción en el niño o en el adolescente.

Planificarles las actividades del día es de mucha importancia para ellos. Especialmente cuando son pequeños, pues aún no tienen una noción clara del tiempo. Explicarles qué harán y el tiempo que ello demandará, los orientará y los dispondrá para cooperar con espontaneidad.

Si usted ya puso en práctica todas estas estrategias (y otras más) y aún no ha logrado modificar la conducta de sus hijos, recurra a un profesional. A veces, problemas físicos o psíquicos pueden conducir a la falta de ánimo y disposición al trabajo, o a la desobediencia. Consulte a un médico o a un psicólogo, según el caso; ellos, seguramente, sabrán orientarlo en el diagnóstico y en la solución del problema.

Nunca pierda la fe. Confíe en Dios. Ore con su hijo cuando atraviesa una situación difícil; enséñele a buscar la voluntad divina; muéstrele cómo se puede confiar en el Señor. Eso le dará a su hijo la sensación de que usted tiene real interés en él.

Susana B. de Grittini