UNA CHICA "MODERNA"

Graciela creía ser dueña de la verdad, aunque con su modo de pensar tenía atormentados a sus padres. Vez tras vez les repetía: "Yo Soy una chica moderna, quiero gozar dela vida". Y con tales palabras, la pobre adolescente exigía que sus padres le dieran completa libertad para hacer lo que quisiera.

¿Qué entendía Graciela por "gozar de la vida"? Para ella, "gozar de la vida" era pasar de mano en mano entre los muchachos, practicar el amor libre, descuidar todos sus deberes y desligarse de toda disciplina familiar.  

Al parecer, Graciela no se había detenido a observar al triste fin de muchas otras chicas que antes que ella habían pensado y actuado de la misma manera. ¿A quién podría pasarle por la cabeza la idea de ser feliz llevando una vida descarriada?

Pero la muchacha no podía entenderlo. Sus padres le habían hablado una y mil veces. Sin embargo, ella seguía empecinada en su extravío, y sostenía que sus padres eran "viejos obsoletos" que no podían entender el concepto moderno de libertad.

Seamos benévolos con esta pobre chica incomprendida", y aceptemos que sus padres son como ella dice.

Pero, ¿qué diremos acerca de ella misma? ¿Es feliz, está gozando más de la vida -como lo pretende- con su conducta licenciosa? ¡Por supuesto que no! Basta observarla para advertir en su rostro y en sus palabras un espíritu hostil y amargado.

Esa es la vida "linda" que está viviendo: sin ideales, sin trabajo fijo, resentida sin causa. Es como una hermosa flor primaveral, pero ajada por el vicioso manoseo de la carnalidad.

¡Ay, irreflexiva Graciela! ¿Por qué no colocas tus pies sobre la tierra? ¿Qué pretendes lograr con tu manera de vivir? ¿No te das cuenta que tu placer fugaz te deja sola y vacía? Los muchachos no buscan tu amistad; buscan simplemente tu cuerpo. Y dándolo, ¿adónde quieres llegar? Estás consiguiendo lo contrario de lo que buscas.

En lugar de "gozar de la vida", estás malgastando y perdiendo la vida. Lo que te hace falta para disfrutar de tu juventud es acercarte arrepentida a Dios. Y él te dirá, como Jesús le dijo a aquella mujer libertina: "No te condeno. Vete, y no peques más". Si recapacitas, verás que ésa es tu gran necesidad. Y cuando, con la ayuda de Dios, llegues a ser una nueva persona, sentirás que la felicidad y la paz dominarán tu alma. Entonces te llevarás bien contigo misma, con tus padres y con Dios.

Estimada Graciela -y esto es válido para todo joven o señorita como tú-, recuerda que alejada de Dios no hay felicidad. En cambio, con él no sólo hay gozo verdadero, sino también fuerza espiritual para vivir con pureza y corrección. Por eso, ¿permitirás que Dios dirija tu vida y que Cristo encuentre un lugar en tu corazón?

Enrique Chaij  Periodista y escritor. Director del prestigioso programa de radio y televisión Luz en el Camino.