EL DRAMA DE LAS MADRES ADOLESCENTES
¡¡No!! -grita María entre sollozos- ¡No iré más al colegio!", mientras su madre trataba de consolarla. El director le había dicho que no podría continuar asistiendo a las clases. Sus amigas la rechazaban y algunos muchachos se burlaban de ella. Se sentía sola. Y ahora odiaba al padre de su futuro hijo porque ni siquiera se preocupaba por su situación. Tenía 16 años de edad y 4 meses de embarazo.
El caso de María es típico. En los Estados Unidos hay cada año un millón cien mil adolescentes embarazadas, y cuatro de cada cinco de estos embarazos son fuera del matrimonio. Los divorcios de padres menores de 18 años son tres veces más frecuentes que en padres que tuvieron su primer hijo después de los veinte años de edad. Lo más trágico es que 45 por ciento de esos embarazos de adolescentes termina en abortos, y 30 por ciento de todos los abortos a nivel nacional son de adolescentes. El gobierno de los Estados Unidos gasta cada año 8.600 millones de dólares para ayudar a las adolescentes solteras embarazadas y con hijos.
¿Por qué ocurre este doloroso fenómeno, que según la revista Time está "corroyendo la fábrica social de los Estados Unidos"? Hay varias razones. En primer lugar, la juventud vive en un clima de libertad sexual promovido por los medios de comunicación masiva. El cine, la televisión, los videos, la música "rock" y la romántica sensual, las novelas y las revistas populares, presentan al sexo como un producto atractivo y de libre consumo para todo el mundo. En un año un joven puede ver en la televisión un promedio de nueve mil escenas de relaciones sexuales sugeridas o explícitas en las horas de máxima audiencia. El estímulo es poderoso, y "afuera" es fácil satisfacerlo. Además está el problema del hogar. Miles de jóvenes se sienten vacíos de amor, de cariño y comprensión, y los buscarán fuera del hogar... con el riesgo de tener un hijo que no están preparados para criar. Esta causa es tan poderosa, que silos padres no se detienen para analizar sus vidas familiares, cualquier otra solución será sólo aparente.
En primer lugar está la presión de los amigos. El grupo tiene un gran poder sobre el adolescente. El conocido dicho "dime con quien (quienes) andas y te diré quien eres", debe llamar seriamente la atención de los padres. Si su hijo o hija se siente "inferior" porque los demás se burlan de su virginidad, es mucho más probable que se lance a una aventura peligrosa que aquel joven que tiene amigos y amigas que aman a Dios y respetan el mandamiento bíblico "No fornicarás".
¿Cuáles son las consecuencias del embarazo de una adolescente? Si eres joven debes leer con cuidado lo siguiente. El 50 por ciento de las muchachas que dan a luz antes de los 18 años (la mujer es siempre la más perjudicada) no terminan la escuela secundaria, mientras que el 96 por ciento de las otras si la concluyen. Aquí comienza el drama; es muy probable que tu futuro profesional quede comprometido. Además, te alejarás de tus amistades, de tus deportes favoritos, de la vida juvenil y aun de la iglesia (la vergüenza es difícil de manejar). Sentirás que has perdido tu juventud y que eres ahora una adulta a la fuerza. Tampoco hay que olvidar la presión de tus padres y de tus hermanos. Las dolorosas palabras de tu padre, "¿Por qué lo hiciste? ¡Has arruinado mi buen nombre!", resonarán en tus oídos. ¿Y qué pasará con el bebé? No sabrás cómo alimentarlo y educarlo. Ser madre será una carga pesada para ti, carga que nadie, ni Dios mismo quiso que asumieras a tan tierna edad.
Pero supongamos que el hecho está consumado, que estás embarazada. Tienes entonces que escoger entre las siguientes alternativas:
1. Casarte con el padre del bebé, y criarlo. En los Estados Unidos hacen esto sólo 10 por ciento de las adolescentes. A veces estos matrimonios se realizan por insistencia de los padres.
2. Dar al niño en adopción. Esto exige un contrato legal. En los Estados Unidos sólo lo hace el 5 por ciento; sin embargo puede ser una buena solución y de mejor uso en otros países.
3. Tener al bebé sin casarte. Muy pocas lo hacen.
4. Abortar. Esta es la "solución" mas común (45 por ciento de los casos), pero viola el mandamiento "No matarás", y por lo tanto es contraria a la voluntad de Dios.
Con mucha oración, consejo y cuidadoso estudio de los padres y su hija (quizá también se incluya al muchacho y sus padres), las partes afectadas deben decidir qué es mejor en tales circunstancias. Cualquier solución que se escoja siempre será problemática. Se necesitará paciencia, comprensión, mucho amor y perdón; perdón de los padres hacia la hija y de ésta hacia sus padres, además del perdón de Dios que está siempre disponible para el corazón arrepentido.
Apreciada joven, creo que el mejor lugar para reconstruir tu vida es tu propio hogar. No busques la solución en otro lugar. Pero si esto no es posible, busca un buen consejero, que muy probablemente estará dentro de tu iglesia.
Siempre es mejor prevenir. La prevención es la clave de la felicidad. Comienza con una adecuada educación sexual en el hogar. Estos temas se analizarán llanamente, y de una cálida amistad entre padres e hijos surgirán los valores de la abstinencia sexual y la sublimación creativa como valores deseables y aceptables. La iglesia, por medio de programas especiales dirigidos a los jóvenes, utilizará sus mejores recursos espirituales y profesionales para educar sexualmente a sus jóvenes; pero no sobre cómo usar los anticonceptivos eficazmente (esto es un cheque sin fondo para la libertad sexual), sino sobre cómo usar sabiamente el cuerpo, incluyendo sus impulsos sexuales, para que sea templo del Espíritu Santo.
La escuela fortalecerá luego esos valores. Creo que la mejor escuela para ese fin es la escuela cristiana en donde los maes-tros aman y respetan a Dios. Además, el gobierno contribu-rá con programas preventivos de alcance masivo, también en las escuelas, para evitar no sólo estos embarazos de adolescentes sino también la promiscuidad sexual, advirtiendo de sus graves consecuencias personales y sociales, por ejemplo el SIDA (AIDS).
Creo que lo que Dios dice es para bien del hombre. Dios quiere nuestra felicidad. El te dice a ti, joven: "Mira, el goce de la intimidad sexual es mi regalo precioso para tu noche de bodas, para que seas feliz; no lo descubras ahora". Reflexiona. Dios nunca dice NO sin antes decir SI. El te ama tanto que quiere evitarte el dolor y la tristeza causados por la transgresión de sus leyes de amor. ¿Lo escucharás?
Lic. Jorge Bruno
Material de consulta: Time, 9 de di-ciembre de 1985, PP. 78-90. Psyehalagy Tad~, diciembre de 1985, pp. 66-70. La Pura Verdad, septiembre de 1986, PP. 5-6 y 27. Christianity Today, febrero de 1987, PP. 12-13.