EL ADOLESCENTE
ESTAS pocas reflexiones acerca de lo mucho que se ha dicho, y aún se puede decir, sobre los adolescentes, están dirigidas no sólo a los padres sino también a quienes viven en esa etapa de la vida tan especial que se extiende entre la niñez y la juventud.
Resulta harto difícil fijar los límites de la adolescencia, por cuanto su comienzo está determinado por un criterio biológico:
los cambios físicos de la pubertad (10-12 años en las niñas y 12-14 años en los varones); en cambio, su finalización tiene que ver con un criterio de maduración psico-social, que generalmente ocurre entre los 18 y 22 años.
Dos conceptos deben quedar claros:
el primero es que la adolescencia no es un problema ni una enfermedad. Es una etapa de cambios físicos, psíquicos y sociales; de cambios profundos, variables, complejos y con muchas oscilaciones, pero totalmente naturales; de cambios que difieren de un adolescente a otro, pero que son absolutamente normales en ambos sexos. El segundo concepto que debe quedar claro es que muchas de las dificultades que se presentan se deben al conocimiento insuficiente -o al desconocimiento-de la naturaleza de estos cambios y sus manifestaciones, no sólo por parte de los adolescentes, sino también por parte de los adultos que tienen que ver con ellos. Por lo tanto, el primer paso a dar en la promoción de la salud de los adolescentes es obtener información.
Cambios físicos, psíquicos y sociales
La pubertad es la etapa durante la cual se producen cambios físicos y biológicos destinados a la adquisición de la capacidad de reproducción. Salvo en el nacimiento, en ningún otro período de la vida se llevan a cabo transformaciones tan profundas y a un ritmo tan intenso. Estos cambios ocurren en ambos sexos y en todos los aparatos y sistemas, pero especialmente en las glándulas sexuales.
En la piel, la mayor actividad de las glándulas sebáceas posibilita la producción del acné. Las glándulas sudoríparas modifican sus características y el resultado es la transpiración con olor típico. El vello también se altera en su estructura y aparece en lugares donde antes no existía: axilas y pubis, con distribución diferente para cada sexo.
Los músculos y el esqueleto aumentan en masa y peso, con características distintas en niñas y varones. En las niñas se ensancha la pelvis y en los varones el tórax. Pero en ambos hay un crecimiento desproporcionado de las extremidades. A eso se agrega otro hecho: el desarrollo del cerebelo - órgano nervioso que rige los movimientos delicados y finos-, que se completa entre los catorce y quince años; eso explica por qué algunos adolescentes tienen movimientos bruscos y torpes. En esta edad se multiplica el número de conexiones nerviosas cerebrales. Este fenómeno está relacionado con el desarrollo de la inteligencia.
Hay mayor capacidad en los apara-tos respiratorio y circulatorios, y, consecuentemente, disminuye la frecuencia del pulso.
Los cambios más marcados se dan en el sistema endocrino o glándulas de secreción interna. Se llaman así porque producen hormonas -sustancias que pasan directamente a la sangre-, a diferencia de las glándulas exocrinas o de secreción externa -cuyos productos se vuelcan al exterior (salivares, gástricas, intestinales, etc.). Las glándulas endocrinas son, principalmente, la tiroides, la paratiroides, las suprarrenales, las gónadas (ovarios y testículos) y una zona del páncreas.
Todas ellas están relacionadas entre sí y con la hipófisis que las comanda desde el cerebro.
Llegada la pubertad hay una verdadera revolución hormonal que actúa sobre todo el organismo, cuyas manifestaciones son más evidentes a nivel del aparato reproductor, que cambia no sólo su estructura sino también su funcionamiento.
Todo esto trae gran repercusión psicológica y social, ya que el adolescente debe aprender a manejarse con un "cuerpo nuevo", que funciona de otra manera. En la búsqueda de un nuevo equilibrio, debe realizar un "aprendizaje fisiológico", para el cual, generalmente, no está preparado ni es apoyado. A los niñitos se les enseña a caminar, a hablar, a comer solos; pero el adolescente rara vez es ayudado en el difícil aprendizaje de esta etapa de la vida. No es ayudado, sencillamente, porque hay desconocimiento en la materia.
Existen "tareas de desarrollo" que el adolescente debe cumplir para llegar a la madurez psicosocial. Por ejemplo, le es necesario adquirir identidad, imagen de sí mismo, aceptar un cambio interno y adquirir fortaleza para lograr independencia. En esta etapa se acentúa su tendencia grupal y tiene más importancia lo que dicen sus pares que lo que dicen sus padres. Son habituales los conflictos con los símbolos de autoridad y, a pesar de su rebeldía, tiene sentimientos ambivalentes: quiere independizarse, pero a la vez anhela protección pues teme asumir responsabilidades.
Esta es la etapa para alcanzar conocimientos y tomar decisiones vocacionales. El adolescente necesita aprender a controlar sus depresiones y frustraciones, y, al mismo tiempo, expresar sin temor sus aspiraciones y deseos.
Aparece durante la adolescencia la desidealización de los padres y se toma como modelo otras figuras adultas. Tiene un marcado sentido de la justicia y condena la hipocresía y la mentira. Su búsqueda de identidad también se manifiesta en una gran preocupación metafísica y religiosa, con oscilaciones entre el ateísmo y el misticisrno.
Es muy sensible al entorno social (familia y comunidad), lo cual suele provocarle problemas de adaptación.
En síntesis: por su niñez perdida, su adultez aún no alcanzada y los intensos cambios biopsicosociales provocados en gran parte por su actividad hormonal diferente, el adolescente está en crisis.
Pero sus padres también están en crisis: por la pérdida del hijoniño y la presencia del hijo que se hace adulto. Algunos padres lo viven como una presencia competitiva, y otros como un símbolo evidente de que su propia juventud está quedando atrás.
Conocer esta situación ayudará a resolverla.
Las enfermedades y afecciones a prevenir en esta edad no son dema-siadas, y habitualmente se detectan sin · mayores dificultades; entre las más comunes tenemos: escoliosis, acné, bocio, tumores, obesidad, anorexia nerviosa, jaqueca y lesiones por deporte. Otras suelen ser más graves: la tuberculosis, la diabetes y la anemia Disminuye, en esta etapa, el índice de mortalidad, a pesar de que los adolescentes padecen algunas enfermedades que son propias de su edad.
Educación para la salud: Areas a promover
Una verdadera educación para la salud debe tener en cuenta que hay ciertas áreas en la vida del adolescente que tienen mayor importancia que otras. Obviamente, no debemos olvidar que las acciones dirigidas a promover la salud deben ser integrales, teniendo en cuenta que las áreas están interrelacionadas. Veamos los aspectos más significativos.
Sexualidad. Esta área comprende la instrucción sexual y la educación sexual propiamente dicha. La instrucción sexual consiste en información sobre conceptos de anatomía, fisiología, higiene y reproducción. La educación sexual, que implica orientación formativa respecto de los fines para los que el individuo está destinado sexualmente, se vincula íntimamente con la moral y la "educación no verbal"; es decir, el ejemplo y la conducta. Esta importante tarea puede ser realizada por todos los adultos que se relacionan con adolescentes. Debe ser realizada en primer lugar por los padres, pero también por los docentes, los. ministros religiosos, los médicos y los psicólogos. Sea cual fuere la profesión, ninguna de ellas trae implícita "per se" una capacitación en educación sexual. La cuestión puede agravarse por un mal manejo, muchas veces inconsciente, de los adultos, que tienen tabúes o conflictos aún no resueltos. En materia de educación sexual hay muchos casos en los que la actitud es más importante que el contenido. Citando a Clemente de Alejandría, diremos: "No debemos tener vergüenza de nombrar lo que Dios no tuvo vergüenza de crear"; y a Jansen: "El matrimonio no es una unión de órganos o de células, sino de personas".
Es necesario actuar y hablar con naturalidad, sin falso pudor. También es necesario no ir al extremo del "tecnicismo". Cierto tipo de información puede darse en clases grupales, usando diversos métodos ilustrativos, pero se requerirá fundamentalmente la conversación individual. No olvidemos que para el adolescente, su cuerpo tiene una importancia primordial. Con esto se relaciona la segunda área a promover.
Alimentación. Es necesario tener en cuenta los mayores requerimientos nutricionales de los adolescentes, por el intenso ritmo de crecimiento y desarrollo. Hay que hacer hincapié en una dieta equilibrada, con abundancia de verduras y frutas frescas (fuentes de vitaminas y minerales), y cuidar la tendencia hacia la ingesta desordenada de golosinas, gaseosas y dulces (con exceso de hidratos de carbono), a los que son tan afectos en esta edad. Existe el peligro de dos situaciones extremas, producto muchas veces de la canalización inadecuada de ansiedades y frustraciones: la gratificación oral por medio de un excesivo consumo de alimentos, que lleva a la obesidad; y la anorexia nerviosa, durante la citial una inapetencia invencible puede llevar a desnutrición grave y aun a la muerte.
Higiene corporal y mental. Abarca desde el aseo personal hasta la prevención de hábitos como el tabaquismo, el alcoholismo y la drogadicción, que suelen adquirirse en la adolescencia. Estos aspectos tienen que ver con dos importantes áreas a tener en cuenta: la orientación vocacional y la utilización del tiempo libre. El asesoramiento debe apuntar a las aptitudes personales, aconsejando y orientando en cuanto a deportes, hobbies, actividades artísticas y culturales. Debe recordarse el gran potencial de energía que posee el adolescente. Por eso mismo, se lo estimulará a utilizar esa energía en actividades al aire libre, el mayor tiempo posible, reduciendo al mínimo las horas frente al televisor. La actividad física no significa descuido en los estudios, que de por sí requieren sedentarismo. Por el contrario, un equilibrio entre las actividades intelectuales y físicas lo beneficiará grandemente. De esta manera se ayuda a la prevención de malos hábitos y, por otra parte, se aprovecha la tendencia grupal propia de esta etapa de la vida.
En síntesis: Los adolescentes tienen características propias: inseguridad, inestabilidad, rebeldía, búsqueda de identidad y autoestima, que mal conducidas pueden llevarlos a situaciones negativas y aun destructivas. Pero también son poseedores de cualidades tan positivas como el idealismo, el gran sentido de justicia, el dinamismo, el empuje y los deseos de superación. Cada adulto en contacto con adolescentes puede llevar a cabo una tarea maravillosa: orientarlos con palabra y con ejemplo hacia objetivos sanos, nobIes y perdurables. Tan sólo hay que recordar que "la mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos" (Elena G. de White, La educación, pág. 57).
Cumplir con esa tarea traerá la satisfacción de saber que se está colaborando con el Creador en la preparación adecuada de los jóvenes para esta vida y la venidera, porque educar es redimir.
Marta R. Bina Estrada