¿CUÁNTO SIGNIFICA TU HOGAR?
Hay una antigua canción que dice: “No hay sitio bajo el cielo más dulce que mi, hogar”. Lamentablemente, para muchos chicos y chicas de hoy el hogar no significa precisamente eso, sino un infierno donde deben resignarse a sufrir hasta que tengan suficiente edad o disgusto como para marcharse.
Nadie sabe tan bien como Dios lo que está sucediendo en tu hogar. El conoce tus culpas y las de tus padres. Toda pared es transparente para El. Sin embargo, Dios se preocupa por tu hogar, aunque sea el peor de tu barrio. El está interesado en arreglar todo lo que hay de errado en tu familia, si tú se lo permites naturalmente.
Una nación es tan fuerte como sus hogares. Cuando la familia se arruina, la nación va en camino de desmoronarse. El hogar es el fundamento del orden social. Cuando los hogares comienzan a dividirse, la rebelión y la anarquía estallarán finalmente en las calles. Cuando se condena a muerte al hogar, se asesina a una civilización. A veces el cuadro es desolador: muchachos que abandonan sus hogares para no volver a ellos nunca más, padres con una vida simulada en varias familias a la vez, madres que abandonan a sus hijos en las puertas de los sitios de adopción y se marchan para no saber nunca más nada de ellos. Si ha de hacerse algo en favor de este mundo agonizante. hay que comenzar por el hogar. ¡Y eso significa tu hogar!
Dios mismo puso los fundamentos del primer hogar. El planificó el hogar para que fuera un refugio donde reinara la paz y la felicidad. El compara la vida de hogar con el tipo de relación que desea que mantengamos con El.
Si bien es verdad que todas las familias cometen errores, no hay razón para repetir esos errores. Si cada familia tuviera sólo cuatro hijos, y los hijos cometieran los mismos errores necios en que cayeron sus padres, en sólo un siglo (cuatro generaciones de 25 años), más de 680 personas estarían desquiciadas. Y Dios lamenta profundamente toda herida que se produce en cada corazón.
Por eso El previó algunos principios para mantener felices nuestros hogares. He aquí algunos de ellos:
1. Los hijos deben obedecer a los padres así como los padres a Dios. Entre los Diez Mandamientos Dios proveyó uno con promesa: “Honra a tu padre y a tu madre”. Y la promesa dice: “Para que vivas una larga vida y te vaya bien sobre la tierra” (Exodo 20: 12, versión Dios habla hoy).
A través de este mandamiento Dios nos promete una larga vida y una buena vida. Pero si quebrantamos esta orden ponemos en movimiento las leyes de causa y efecto que nos acarrearán una doble tragedia: una vida corta y corrompida.
Si no honras a tus padres sentirás amargura y odio por sus faltas. Esa amargura te conducirá a rechazar toda autoridad y entrarás en una espiral de rebeldía que acabará en tu autodestrucción.
La Biblia dice: “El que mira a su padre con desprecio y se burla de su madre.. . merece que los cuervos le saquen los ojos y que las águilas lo devoren” (Proverbios 30: 17, versión Dios habla hoy). Honrar significa tener estima y respeto por la dignidad de otra persona y de uno mismo. Además implica ser honesto, tener buena reputación y demostrar aprecio. Tal vez estés pensando que haya padres que no merezcan ser honrados, pero ésas son cuentas que se deben ajustar entre tus padres y Dios. En este caso la justicia no corre por tu cuenta. Tu deber es honrar a tus padres.
2. Tu padre es el jefe de la familia, así como Dios es el Jef e del hogar. El padre debe dirigir al hogar orientado por Dios y proveer para todas sus necesidades, no sólo materiales sino afectivas, espirituales y sociales. Dios dice: “. . . si alguno no proveyera para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5: 8).
Esta provisión incluye también el tiempo dedicado a la familia y la satisfacción de las necesidades emocionales de su esposa e hijos. La madre debe ser la inspiración del hogar, el apoyo del padre y el ejemplo de sus hijos. Si esto no ocurre en-tu hogar, pídele a Dios que cambie las cosas. El puede hacerlo y tu hogar recuperará el objetivo para el cual fue instituido.
3. Nada te exime de amar a tus padres. Dios no dijo: “Honra a tus padres cuando hagan lo correcto”. El dijo: “Obedece a tus padres en todo”. ¡Esto no significa que si ellos no son cristianos, puedes decirles que se vayan a freír espárragos! Significa que mientras estés en el hogar de tus padres debes amarlos y obedecerles cuando no te den una orden que deshonre a Dios.
A veces es fácil echar a los padres la culpa de todo lo malo que sucede en el hogar. Pero, ¿y si Dios está probando la calidad y genuinidad de tu amor? Después de todo, es fácil amar a las personas amables y sensatas. Cualquiera puede hacer eso. Pero se necesita ser espiritualmente muy maduro para amar a los que nos hacen sufrir. Tal vez las cosas erradas que ellos hacen son una oportunidad para que tú les demuestres el amor de Dios. Lo’ que debe preocuparte no es lo que tus padres hacen de errado, sino la medida de tu obediencia a los mandamientos divinos. En relación con esto estará la paga que recibirás. Tus padres recibirán la suya por sus propios errores.
Deja los problemas de tu hogar en las manos de Dios. El los sabe resolver. Mientras tomes este asunto en tus manos y hagas justicia a tu manera, el problema de Dios será doble: tus padres y tú. Sé dócil y deja que Dios actúe. Recuerda que tu hogar significa mucho para El.
Winkie Pratney