AMOR LIBRE... ¿LIBRE?
Sandra, una muchacha de diecisiete años de edad, se sentó en la sala de espera de la clínica. "¿Qué voy a hacer si estoy embarazada?", se preguntó llena de angustia. Ella sabía mucho acerca de métodos anticonceptivos y los usaba con destreza antes de tener relaciones sexuales con sus novios ocasionales. Pero ahora tenía dudas. Ya no podía concentrarse en sus tareas escolares. Últimamente vivía atormentada por el temor a las enfermedades venéreas y comenzaba a preguntarse si la gente le habría dicho toda la verdad sobre el "amor libre". ¿Era el amor libre realmente libre?
Hoy, como adolescente, ya no estás a salvo (si es que alguna vez lo estuviste) de ciertos peligros que abundan en la sociedad actual. El hecho es que resulta muy difícil aislarse de la atmósfera penetrante del amor libre -las letras de las canciones que escuchas por la radio hablan de él (y muy favorablemente); los programas de televisión lo sugieren como normal y beneficioso; las gigantescas pantallas de los cines lo describen con lujo de detalles.
Cierta tarde pasaba frente al cine local. Acerca de la película que se estaba proyectando allí, un crítico de cine había comentado lo siguiente en su columna: "Esta película, que contiene imágenes de sexo explícito, está dirigida a los adolescentes, pero paradójicamente ha sido calificada como 'sólo apta para mayores".
Época difícil la tuya
Cada vez que las cámaras apuntan a una escena de amor ilícito, millones de espectadores (particularmente jóvenes como tú) aprenden la versión barata de la vida y del amor.
Sin embargo, Hollywood no es el único villano en tal sentido. Desde los puestos de venta de revistas hasta las aulas, el amor libre recibe una agresiva promoción de diversas maneras. Hace tres años, mi hija, que por entonces tenía 16 años, trajo a casa ciertos materiales que le dieron en clase para hacer un informe escrito sobre el control de la natalidad. Examiné una y otra vez esos folletos ilustrados -publicados por un fabricante de profilácticos - tratando de encontrar alguna referencia al hecho de que lo más aconsejable respecto de la práctica de las relaciones sexuales es esperar a estar dentro del matrimonio. No encontré siquiera una insinuación a que la castidad es una alternativa, por cierto la más sabia y segura para todos los que no están casados.
Uno de los movimientos que mas ha hecho y sigue haciendo por promover el amor libre es cierto tipo de humanismo.
"Humanismo" es un término de sonido agradable y fácilmente asociable con todo lo que tiene que ver con el amor por la humanidad, pero es utilizado por una corriente de pensamiento que entrampa a muchos. En su libro The Battle for the Mind (La batalla por la mente), Tim La Haye pone al descubierto y detalla los peligros que entraña esta falsa religión.
Los humanistas adoran al hombre en lugar de adorar a Dios. Sostienen que el universo existe por sí mismo, que no es una creación. Piensan que el hombre llegó a existir como consecuencia de un largo proceso de evolución en el que intervinieron pura y exclusivamente fuerzas naturales. No aceptan los valores absolutos. Por el contrario, adhieren a la ética situacional que emana de los propios intereses.
Abogan por la autonomía del individuo en materia moral. Rechazan todos los códigos éticos y religiosos que según ellos, restringen la libertad individual. Luchan, entre otras cosas, en defensa de la homosexualidad como estilo de vida normal. Algunos de ellos viajan miles de kilómetros cada año dando conferencias, creando de esta manera una obsesión sexual tan grande en la mente de los jóvenes, que éstos terminan no teniendo lugar en sus mentes para otra cosa que no sea sexo.
Un muchacho me dijo: "¿Esperar hasta el matrimonio? No sea anticuada. ¿Acaso no explotan el sexo nuestros entretenimientos, nuestra economía de consumo, etc.?" Eso es cierto. Nunca antes ha estado el sexo tan explicitado, tan promocionado, tan accesible... ¡y tan equivocado!
Siempre hubo, hay y habrá pruebas que demuestran que el amor libre es un fraude, una ilusión vacía y cruel, un monumento más a la estupidez del hombre...
Hasta la niñez ha sido despojada de su inocencia. Pero esto no se debe sólo a la conducta irresponsable de algunos productores de películas. Una completa crisis familiar y social sumada a la revolución sexual de las décadas del sesenta y del setenta han hecho su parte para empujar a los niños hacia el abismo de la madurez prematura y del sexo precoz. Por eso, ¿cómo culparte por defender el amor libre cuando eres sólo el producto de la compleja crisis moral que sacude a nuestro siglo? ¡Época difícil la tuya!
En Estados Unidos, las estadísticas revelan que la mitad de las jóvenes de entre 15 y 19 años ya han tenido relaciones sexuales. Esta situación no es muy diferente en el resto de los países del mundo. Los embarazos y los abortos en chicas de esas edades son casi una epidemia.
Empecé a oír acerca de las promesas doradas del amor libre al comienzo de la década del setenta, cuando estaba en la escuela secundaria. En aquel tiempo, la castidad era una norma para la mayoría de nosotros, pero ya entonces muchas de las barreras que nos ponían a salvo del sexo premarital estaban levantándose. Comenzaron a dictarse clases de educación sexual a cursos mixtos, con lo que tendió a decaer la modestia natural que hasta entonces caracterizaba el trato que se dispensaban chicas y muchachos entre sí. La planificación familiar patrocinada por el estado perdió de vista su propósito primigenio, su razón de ser (ayudar a las familias a tener sólo los hijos que pudieran o quisieran criar), y terminó promoviendo las prácticas sexuales premaritales entre los adolescentes. Así, la palabra pecado fue lenta y sutilmente suprimida del vocabulario de los estudiantes.
Una de mis compañeras de curso fue atrapada por la propaganda. Era una muchacha adorable, de ojos verdes, cabello negro y una figura que desordenaba el tránsito. iCómo envidiaba yo a Beatriz!
Recuerdo muy bien aquel lunes de mañana cuando entró en mi habitación con el temor dibujado en su hermoso rostro.
-Tengo una cita con el médico en la clínica y no quiero ir sola. ¿Me acompañarías? -dijo con tono suplicante.
Mientras conversábamos, creí adivinar cuál era el problema. Me dijo que sentía un dolor punzante cada vez que orinaba, y que tenía malestares estomacales y náuseas desde hacía semanas.
Sus peores temores se vieron con firmados. El médico le dijo que no sólo estaba embarazada, sino que también tenía sífilis. Para completar ese terrible cuadro, Beatriz no estaba segura de quién era el padre de la criatura. Poco después, Beatriz se deshizo de su hijo en una clínica clandestina mediante un aborto.
Uno de los efectos del amor libre, como en el caso de Beatriz, suele ser alguna enfermedad venérea como el herpes genital, que se presenta como un ramillete de vesículas o ampollas en la región genital. El herpes ocupa el segundo lugar después de la gonorrea en cantidad de casos observados, y para la comunidad médica es un verdadero callejón sin salida, ya que si puede ser controlado mediante la aplicación local de diversas drogas, la dolencia permanece indefinidamente en el organismo. Algunos médicos creen que provoca la aparición del cáncer de cuello de útero en algunas mujeres.
Aun la gonorrea se ha transformado en una amenaza mucho mayor que lo que fue alguna vez en el pasado. Según la revista American Health (La salud en América), la bacteria que la provoca desarrolla nuevas formas resistentes a los antibióticos. A su vez, el uso excesivo de antibióticos provoca la aparición de un gonococo, extremadamente resistente, que constituye otra amenaza para quienes son sexualmente promiscuos.
Con todo, la sífilis sigue siendo la forma más seria de enfermedad venérea al provocar la destrucción de tejido óseo, desórdenes mentales, problemas cardiacos e inclusive la muerte. Y, como si todo esto fuera poco, el nuevo azote del SIDA está inquietando a quienes pensaban que las enfermedades venéreas eran la peor de las preocupaciones que tenían que sobrellevar al tener un estilo de vida sexual caracterizado por el amor libre.
¿Qué podemos hacer como jóvenes cristianos comprometidos a fin de contrarrestar esta marea de sufrimiento y pecado?
Conversa cada día con tus padres y escúchalos. Preserva el vínculo de amor que debe unirte a ellos y a tus hermanos. Sólo de esta manera llegarás a internalizar los valores que se estiman como más preciosos.
Estoy convencida de que muchos adolescentes como tú preferirían permanecer inocentes. En el fondo, deseas ser protegido del amor libre y de sus riesgos (y a menudo desastrosos) resultados.
Los que abogan por el amor libre quisieran creer que se trata de algo nuevo. Pero al leer la Biblia (fíjate en S. Juan 8:1-12), nos damos cuenta de que hace casi dos mil años, Cristo se ocupó del amor libre. Cuando El enfrentó a la mujer sorprendida en adulterio, su actitud sólo puede ser descrita como de ternura. A diferencia de los que trajeron a esa mujer ante Jesús y la acusaron, El no la condenó. Tampoco aprobó lo que había hecho. Tuvo compasión y le dijo: "Vete y no peques más".
Hace algunos meses, en un telenoticiero, aparecieron los rostros tristes de un grupo de miembros de la comunidad homosexual que solicitaban fondos para que continuaran las investigaciones tendientes a encontrar alivio para uno de los "frutos" del amor libre, el SIDA. Sentí profunda lástima por la situación de esta gente. (Aunque me parece poco realista buscar alivio para las enfermedades morales en los bálsamos de la ciencia médica.)
En el horizonte siempre hubo, hay y habrá bacterias al acecho que de muestran que el amor libre es un fraude, una ilusión vacía y cruel, o como dice el escritor británico Malcolm Muggeridge: "Un monumento más a la estupidez del hombre que supone que su destino está en sus propias manos".
"No peques más", dijo Jesús. Levanta tu voz por encima de las que prevalecen y defienden el amor libre. Infórmate, comprométete. La sociedad necesita escucharte.
Judy Hammersmark